Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La responsabilidad de IBM en el holocausto nazi

Todas las empresas tienen una responsabilidad social, que va más allá de la simple obtención de ganancias monetarias para sus dueños.

— Roberto Blum
Más noticias que te pueden interesar

El año 2001, Edwin Black publicó una investigación en la que siguió paso a paso la pista de la relación entre la compañía estadounidense IBM (International Business Machines) y sus subsidiarias europeas, en el proyecto nazi para erradicar completamente a los judíos.

Black afirma: “A partir de las primeras semanas de 1933 se estableció una alianza estratégica de la compañía (IBM) con el régimen nazi, que continuó hasta bien entrada la II Guerra Mundial. En cuanto el Tercer Reich se embarcó en su plan de conquista y genocidio, la IBM y sus subsidiarias ayudaron a crear la tecnología que permitió avanzar poco a poco, desde la identificación y catalogación de los judíos y sus bienes –tarea que se cumplió en los años treinta– hasta la selección concreta de los mismos en la década de los cuarenta. Solo cuando los judíos hubieran sido identificados –enorme y compleja labor que Hitler quería realizar inmediatamente– podrían ser puestos en la mira, para seguir efectuando eficientemente la confiscación de sus bienes, encerrarlos en guetos, deportarlos, esclavizarlos y eliminarlos finalmente. Se trataba de un reto tan formidable de ordenación y organización de datos que requería sin duda una computadora. Por supuesto, en esos años todavía no existían las computadoras, pero sí la tecnología de tarjetas perforadas Hollerith, propiedad de IBM”.

La investigación realizada nos presenta de manera inequívoca la responsabilidad moral de una gran empresa, cuyos directivos cerraron voluntariamente los ojos, para no ver las implicaciones y consecuencias de sus acciones y sus productos.

Si bien la estrecha colaboración entre la empresa y el régimen nazi es claramente condenable desde nuestra perspectiva actual, ¿sería igualmente condenable desde la perspectiva de la época en que los hechos ocurrieron? ¿Tendrían los directivos de IBM la obligación de prever las terribles consecuencias de esa colaboración empresarial?

En la actualidad parece haberse llegado al general consenso de que todas las empresas tienen una responsabilidad social, que va más allá de la simple obtención de ganancias monetarias para sus dueños. Y es que la empresa, como toda sociedad humana, es un conjunto organizado de personas y cosas, normas y propósitos, inserta en un medio ambiente físico y social, cuyos límites no están claramente definidos.

Ahora sabemos que toda acción tiene consecuencias, que se expanden como ondas en cualquier medio –el agua o el aire, por ejemplo– y afectan con el paso del tiempo a más y más personas y a objetos cada vez más distantes. La globalización está borrando las fronteras y haciendo que las palabras del poeta John Donne “ningún hombre es una isla, todos somos parte de un continente” sean cada día más ciertas y verdaderas.

Así –paralelamente a la expansión de la tecnología– la responsabilidad de cada persona y cada empresa han crecido, y las consecuencias de nuestras acciones llegan más lejos y de manera más rápida cada día, afectando a un mayor número de sujetos y objetos.

El mundo actual es hoy de tal manera que muy pocos pueden alegar ignorancia para ocultar o disimular su responsabilidad. Se trata de un mundo en el que se nos exige a todos una conducta sin doblez ni disimulo, evaluada con finísimos criterios morales y éticos. Si antes se decía que estábamos bajo la mirada permanente de Dios, hoy estamos bajo la mirada de millones de congéneres que nos juzgan todo el tiempo. Cuidemos nuestras acciones.

Etiquetas: