Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Entre olores y sabores

Desde lo alto, un barrilete desteñido culebrea entre las nubes grises de noviembre, presagiando el frío del último mes del año.

— José Barnoya
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Fue al viejo Heráclito, padre de la Dialéctica, a quien se le ocurrió decir: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Es así que todo fluye y cambia constantemente. Absolutamente, nada permanece igual desde tiempos inmemoriales y todo seguirá cambiando hasta el fin de los tiempos.

Antes, a mitad del siglo pasado, el recorrido era breve. Después de que la abuela ordenaba yerbas, carnes y verduras en diferentes platos, daba la orden de partida. Con un escalofrío trasponíamos la inmensa puerta de hierro del camposanto para iniciar la marcha por la calle principal, dejando atrás las lápidas de Pepe Milla, Ismael Cerna y don Nacho Zamora (el primer difunto que duerme en el cementerio desde 1881). Después de que la abuela coronaba a sus muertos y platicaba con el hermano ausente emprendíamos el regreso hacia el barrio de la Merced.

Al nomás abrir la puerta se sentía el olor a caldillo que provenía del comedor, en donde una olla inmensa y descascarada recibía a sus primeros invitados: las zanahorias, las remolachas, la coliflor y el ejote; imitando a los güisquiles, las cebollitas y las pacayas, se sumergían hasta el fondo. Una botella de vinagre se mezclaba con el laurel, el tomillo y un montoncito de alcaparras. Conociendo su importancia, el jengibre se entremetía entre todos para darle sabor al caldillo.

El pollo, las salchichas, los chorizos negros y colorados estaban listos para entrar en combate; mientras que la mortadela, las longanizas y las butifarras, esperaban la orden del jamón para zambullirse. Aparejadas, una sardina y una macarela, iban seguidas por la lengua salitrada a quien perseguía la mano de la abuela para rociar todo con queso seco. Un inútil chile chamborote creyéndose todo un Presidente, se sentaba cómodo en la cúspide de esa extraña mescolanza.

Atardece cuando se escucha altisonante la voz paterna que llega del inframundo: “Ese era fiambre y no esa extraña mescolanza: inodora, incolora e insípida, que ahora les obliga a tragar el gobierno”. Y yo me atrevo a responder: “Para mí ese revoltijo es más inodoro que otra cosa”. Desde lo alto, un barrilete desteñido culebrea entre las nubes grises de noviembre, presagiando el frío del último mes del año.

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