Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

Una sociedad poco predecible

Inadecuados instrumentos de análisis.

Fecha de publicación: 26-10-15
Por: Édgar Gutiérrez

La sociedad guatemalteca se ha vuelto impredecible. Nadie, ni siquiera quienes convocaban a través de las redes sociales, podía anticipar la asistencia de 40 mil personas a la Plaza Central el sábado 25 de abril. Apenas unas semanas ante los plantones frente a la Corte de Constitucionalidad reunían, si mucho, a unos 200. Y otras tantas congregaciones durante los últimos años tenían asistencias francamente raquíticas.

El 16 de mayo hubo otra manifestación importante, de no menos de 60 mil almas en la Plaza. Pero de ahí en adelante las concentraciones comenzaron a ralear. La llama de la protesta parecía extinguirse para comodidad del poder Presidencial y de la mayoría de bancadas del Congreso, algunos de cuyos voceros se burlaban en la radio: “Terminó la temporada de pasos y pedales. Los niños bien, en vez de ayudar a la Teletón, van a la Plaza a jugar, tomar cerveza y oír conciertos”.

Los analistas coincidían: “La gente se cansó”. “Todo vuelve a la normalidad”. “Pasó el momento de las masas en las calles”. Y había preocupación porque la resistencia del poder político podía frustrar a las masas. La frustración social no es buena consejera. Tomarle el pulso a la ciudadanía se hizo más complicado. Algunos lo hacían desde la ideología, y no aplicaba. Otros, empleando categorías tradicionales de análisis anacrónicos para una sociedad de conducta elusiva.

Había zonas inescrutables. La gente repudiaba a los políticos, pero quería elecciones en las fechas previstas, no importaba si era con las viejas reglas. En la semana del 24 de agosto el CUC y otras organizaciones del campo agitaron “la Guatemala profunda”. Durante 48 horas bloquearon vías de acceso y arengaron. Fue la antesala. Para el jueves 27 las previsiones optimistas, pero dudosas, eran que hasta 70 mil personas convergerían en la Plaza, pero fueron más del doble y una cantidad similar en las provincias. Inopinadamente 250 mil almas se movilizaron. Las dirigencias de las cámaras patronales también quedaron rebasadas: “Preferimos perder un día de negocios, que no el país en un día”, se leía en la puerta de un minimercado en Xela.

La sorpresa mayor fue la movilización el 6 de septiembre: 5 millones 390 mil personas en las urnas, y los resultados que arrojaron dieron al traste con las previsiones. Un dirigente del partido Lider me confesó: “Nos equivocamos de cabo a rabo, pensamos que el malestar era meramente citadino y confiamos en la capacidad de nuestras estructuras territoriales. Seguimos sin entender cómo nos derrotaron, aunque sabemos quién: la población”. Con esos antecedentes, ¿quién se atreve ahora a pronosticar?