Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El desafío del nuevo Presidente

El nuevo Presidente debe ser un verdadero líder nacional.

— MARIO FUENTES DESTARAC
Más noticias que te pueden interesar

Una vez más el Pueblo de Guatemala, a través de elecciones libres, ha elegido un nuevo Presidente de la República, quien deberá tomar posesión del cargo el 14 de enero del 2016 y entregarlo el 14 de enero del 2020, es decir que lo ocupará por un período de cuatro años.

En nuestro país rige el sistema presidencial, por lo que el Presidente de la República, quien es elegido popularmente, es, a la vez, jefe de Estado y jefe de Gobierno.

En un régimen parlamentario, las jefaturas de Estado y de Gobierno son desempeñadas por personas distintas. El jefe de Estado en una república es elegido popularmente, como ocurre en Alemania e Italia, en tanto que en una monarquía es un título nobiliario y hereditario, tales los casos de Japón, España y Gran Bretaña. Por su parte, el jefe de Gobierno (primer ministro, canciller o presidente de Gobierno) es elegido por el parlamento del cual depende.

En principio, el jefe de Estado representa a la nación ante los demás Estados del mundo, mientras que el jefe de Gobierno es la cabeza del Organismo Ejecutivo.

En Guatemala, el jefe de Estado es el funcionario que, además de representar al país ante los demás Estados del mundo, representa la unidad nacional, se desempeña como Comandante General del Ejército y vela por el interés general. A su vez, el jefe de Gobierno es quien, juntamente con el Vicepresidente de la República y los ministros y demás funcionarios del Ejecutivo, ejerce las funciones del Organismo Ejecutivo o de Gobierno, que son propiamente las funciones gubernativa (directrices de la política general del Estado) y administrativa (Administración Pública).

El Presidente de la República, de conformidad con nuestra Constitución, tiene vedado favorecer a partido político alguno, por lo que debe adoptar una actitud de neutralidad en el juego político partidista, es decir en lo que se refiere a la pugna entre facciones, extremo que parece lógico por la doble condición de jefe de Estado y de Gobierno que son inherentes al cargo presidencial.

En mi opinión, todos los presidentes guatemaltecos se han limitado a ejercer la jefatura de Gobierno, ya que se han concentrado en las cortoplacistas gestiones gubernativa y administrativa. Por cierto, los últimos dos presidentes llegaron al extremo de delegar, incluso enajenar, las funciones de Gobierno en otros integrantes de la “camarilla gobernante”, lo que supuso que no ejercieron realmente la jefatura de Gobierno.

De suerte que los presidentes invariablemente han renunciado a ejercer la jefatura de Estado y, por ende, han declinado ejercer el liderazgo nacional en función del bien común y de impulsar proyectos renovadores tendentes a fortalecer las instituciones de la democracia republicana que garanticen a la sociedad guatemalteca un futuro de prosperidad y paz.

Dada la profunda crisis política e institucional en que está sumido el Estado de Guatemala, se espera que el nuevo presidente sea, además de jefe de Gobierno, un entusiasta y enérgico jefe de Estado, un verdadero líder nacional, que abandere una genuina reforma del Estado, a fin de que este, por fin, esté en capacidad de responder a las legítimas demandas de mejores servicios públicos (justicia, seguridad, educación, salud, nutrición, transporte, vivienda, infraestructura física) y de proveer condiciones óptimas para alcanzar el desarrollo económico, basado en la innovación y la diversificación, y el progreso social, que supone el desarrollo humano sostenible.

Etiquetas: