Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Sin ruptura no hay cambio

Caras nuevas y viejas estructuras mentales.

— Edgar Gutiérrez
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Aún es temprano para ver los alcances de las movilizaciones de 2015. Por ahora debemos conformarnos con decir que representan un punto de inflexión de un Estado que iba decididamente enrumbado hacia el precipicio, y que inició el desmonte del sistema de partidos franquicia, bajo un reclamo ético.

El cambio más notable de estos meses, sin embargo, es que la sociedad se sacudió una anomia de varias décadas. Pueden ser logros limitados, pero tienen la virtud de ser obra directa e indirecta de los movimientos sociales. Por eso es justo decir que se trata de una “primavera”, pues refresca y hace renacer expresiones sociales, artísticas y políticas. Aunque no llegan directamente al Estado y a la clase política, las influyen y condicionan.

No es un movimiento desde arriba ni desde fuera, sino desde abajo y desde adentro, lo cual representa un bono cultural necesario pero insuficiente. No está claro qué sujetos sociales y políticos están surgiendo de estas movilizaciones ni su consistencia programática y estratégica, solo queda a la vista el rechazo al pasado y la demanda de transparencia.

Como todo movimiento de protesta, es eficaz en el “no” y el “anti”, pero a la vista quedan sus fronteras, donde ahora mismo están Jimmy Morales y Sandra Torres, sin llenar la altura de la ola ciudadana, pues no son sus representativos ni asumen su trascendencia. Tradicionales o emergentes, son candidatos bajo la línea promedio de aspirantes de los últimos años.

Dados los retos políticos, financieros, ambientales y sociales que el próximo gobierno deberá encarar, de los movimientos del “no” y del “anti” saldrán sus líderes críticos y propositivos. Serán jóvenes diversos, dinámicos y entusiastas que deberán librar una primera y decisiva trampa: el reciclaje de las viejas estructuras mentales de la política, sean de derecha o de izquierda, para de veras romper con el sistema.

Esos jóvenes guatemaltecos son ahora referentes de las juventudes de Latinoamérica. Pero llegan a la cresta de la ola buscando en el Sur y en el Norte modelos inspiradores. Y no hay. Venezuela se marchitó. Bolivia está enredada. Ecuador saca las uñas. Colombia no es panacea. Brasil, en el pantano. Chile, emproblemado. Argentina, arremolinada. En Paraguay los jóvenes llevan un mes forzando cambios en la Universidad. Hay avances, pero sobre todo lecciones sobre qué no hacer.

Previsiblemente nuestros jóvenes deban ir sin grandes paradigmas a la lucha, y construir sobre la marcha. Es probable, también, que tomarán distintos cauces, pues tienen conceptos distintos sobre los temas centrales. Quizá lo único que se les puede decir por ahora es que discutan rupturistamente con su pasado las diferencias antes de darlas por sentadas, conscientes que volverán a encontrarse, sea en una asamblea social, sea en el Congreso de la República, y que inevitablemente deberán ponerse de acuerdo. Su punto de encuentro es la ruptura con el pasado.

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