Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Gobierno de transición

Se logró derrocar a un gobierno incapaz y corrupto.

— María Aguilar
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El próximo domingo 25 de octubre se realizarán las elecciones que la historia registrará como las más apáticas desde 1985. De hecho, ninguno de los dos candidatos, a través de sus discursos, propuestas o debate de ideas en espacios públicos y mediáticos, logró demostrar inteligencia y convicción para llegar al Ejecutivo y defender desde allí los intereses de todos los pueblos que habitan en Guatemala. Dado las alianzas públicas de ambos presidenciales y la historia de sus respectivos partidos políticos, es claro que ninguno desafiará a las fuerzas dominantes y todopoderosas del país. La elite económica y los militares negociaron un espacio privilegiado en ambas propuestas políticas.

Por lo tanto, cualquiera que gane la Presidencia debe tener claro que su gobierno será un gobierno de transición. Dado que la verdadera transformación, política, económica y social del país seguirá siendo construida por la ciudadanía, urbana y rural, indígena y mestiza, en equidad entre hombres y mujeres, durante los próximos cuatro años. Quien llegue al poder, junto a su Gabinete, debe estar consciente que será el gobierno en el cual se discutirán asuntos orgánicos para el futuro político, como las reformas o construcción de una nueva Ley Electoral y de Partidos Políticos y una posible convocatoria a una Constituyente. Este ultimo punto debe ser analizado con convicción y detenimiento, sabiendo que a 30 años de la transición democrática, Guatemala, con sus diversos pueblos y sectores ha crecido y avanzado de una forma inimaginada, que la actual Constitución es incapaz de reflejar y representar.

Luego de meses de protestas se logró derrocar a un gobierno incapaz y corrupto, este es un logro que la ciudadanía jamás debe olvidar. Sin embargo, las estructuras no se tocaron, los poderes tradicionales siguen en el poder, los operadores políticos continúan en el gobierno y la lucha contra esas mafias será dura y larga y solo se logrará transformar con una lucha colectiva y esfuerzos propios.

Este es el momento de que la población piense en propuestas políticas concientes, pero también en modos de vida alternativos que funcionen a través de los diferentes pueblos indígenas, como actores y como opción al sistema voraz que devasta al país.

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