Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El problema de la creciente desigualdad

Este tipo de desigualdad económica  tiene graves consecuencias sociales, políticas y económicas.

— Roberto Blum
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José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), ha afirmado que México es el país más desigual de los treinta y cuatro miembros de la organización. ¿Qué tan grave es esto?

Si bien al considerar el índice Gini, Chile supera a México por .02 en el índice de desigualdad, al medir la pobreza relativa de ingresos se encuentra que 33.6 millones de mexicanos (28.2 por ciento) viven con menos de cinco dólares al día. Esto significa menos de US$1,825 anuales y casi un 53 por ciento de la población mexicana vive con menos de US$3 mil 650 al año. Tan solo unos 25 millones de personas disponen en México de un ingreso superior a los US$20 diarios o US$7 mil 300 anuales. La distribución de la renta nacional mexicana es la más sesgada de los países miembros de la OCDE.

Solamente dos mexicanos –Carlos Slim y Germán Larrea– poseen activos equivalentes al siete por ciento del PIB (Producto Interno Bruto). Y si a la riqueza de ellos dos le agregamos la de los siguientes seis megamultimillonarios, ocho personas y sus familias poseen el 10.53 por ciento de la riqueza total del país. Tal cifra alcanza los US$133 mil millones. Solo para hacerse una idea: –los ingresos anuales de los 33.6 millones de mexicanos más pobres no alcanzan a igualar la fortuna del hombre más rico de México.

El Premio Nobel de Economía de este año ha sido otorgado al profesor de la Universidad de Princeton, Angus Deaton, economista anglo-estadounidense, por sus trabajos sobre la salud, el bienestar y la pobreza en diversos países, y también la desigualdad y el desarrollo económico. En su libro El gran escape , publicado en 2013, el profesor Deaton muestra cómo la pobreza ha venido disminuyendo en todo el planeta a partir de la Revolución Industrial del siglo XVIII de tal forma que actualmente solo el diez por ciento de la población mundial sobrevive en la pobreza absoluta. Sin duda el crecimiento económico ha generado desigualdades en todas partes, pero en un artículo publicado en la revista de negocios de la universidad de Harvard, Angus Deaton afirma: “…la desigualdad solo se vuelve intolerable cuando los individuos que han logrado avanzar por cualquier razón usan su poder adquirido para seguir avanzando aún más. Cuando la gente más exitosa –empresarios, abogados, comerciantes, médicos– usa su éxito para cambiar las reglas del juego a su favor cabildeando o financiando a los políticos, entonces ese éxito ya no se debe celebrar”.

Este tipo de desigualdad económica, injustamente gestada y a su vez extrema, tiene graves consecuencias sociales, políticas y económicas. Louis Brandeis, juez de la Suprema Corte estadounidense, solía afirmar que “se puede tener democracia o una gran riqueza concentrada en unas pocas manos, pero no se pueden tener ambas cosas al mismo tiempo”.

En la reunión anual de Davós de este año, los participantes expresaron su preocupación por la creciente desigualdad que se observa en el mundo y sus previsibles consecuencias sociales y políticas. Por ejemplo: –se habló de que era posible que en el futuro los líderes globales comiencen a poner el énfasis en las regulaciones para enfrentar la extrema desigualdad, más que en los mecanismos para fomentar la innovación que permitiría acelerar el crecimiento y la generación de riqueza y así disminuir aún más la pobreza global.

Tal como se observa en la realidad, el crecimiento económico de los últimos doscientos cincuenta años ha generado desigualdades entre los individuos y entre los países, pero al mismo tiempo ha permitido disminuir significativamente el número de individuos atrapados en la pobreza extrema. Sin embargo, cuando la desigualdad económica en la sociedad sobrepasa ciertos límites, sus consecuencias sociales, políticas y aun económicas pueden ser desastrosas.

Una de las primeras víctimas de la desigualdad creciente puede ser precisamente el principal mecanismo político y social que ha permitido el crecimiento económico secular, la democracia liberal con el Estado de derecho. Debemos cuidar que este exitoso y frágil complejo institucional no sea destruido por la creciente desigualdad.

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