Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Astor Piazzolla (VIII parte)

No lo olvido escuchando en su Radiola muchísimos tangos.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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El revolucionario de la música de Buenos Aires, Astor Piazzolla escribió en la Revista Antena, en 1954: “Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”.

Entonces, ha sido gracias al Chino Carrera que pude encontrarme con Piazzolla. Y los amigos me he preguntado los orígenes del legado musical que el Chino recibiera, acumulara, desarrollara y que nos trasladara y compartiera, no solo familiarmente sino a todos y a los muchos amigos de su vida bohemia. Ensayo a lo anterior una respuesta. ¿De dónde llega su gusto por la música sudamericana, pero especialmente argentina? Como a nosotros, nos llega el bossa nova carioca desde Nueva York, el tango de los lunfardos y de los arrabales, nos llega con el valor agregado de París. ¡Hasta nuestras exportaciones musicales –materias primas o productos primarios, como diría el Don argentino, Raúl Prebish– nos son devueltas para nuestro consumo, aprobados por las metrópolis. El abuelo brasileño, Seu Celso Furtado se ríe de este viejo tango. Pues bien, en uno de sus cuentos, el Chino se delata. Consigna el viejo sillón y la vitrola de su abuelo, Don José Luis Samayoa Centeno, escuchando tangos en acetatos de 78 RPM, con el sello de la RCA Víctor, que a los ojos de el Chino niño no escapa: El Perrito junto a la Vitrola. El tango estaba en boga. O mejor dicho, sigue estando en boga. Era la música que sus abuelos, padres y tíos escuchaban. Quién que era no sabía de Carlos Gardel. Y con Gardel, sin duda, llegaba Buenos Aires. De la vieja biblioteca de José Luis Samayoa Rubio, el poeta, extraigo El libro de oro del tango. No lo olvido escuchando en su Radiola muchísimos tangos, pero en especial la opereta María de Buenos Aires que juntara a Amelita Baltar y a Astor Piazzolla. Los boleros y los cantares guatemaltecos y mexicanos llegan de Quetzaltenango, Veracruz y de Puebla de los Ángeles. Es la tierra del primer abuelo Carrera que llegó con el general Vicente Filísola, en los días de la Anexión a México, con la pretensión del Imperio de Agustín de Iturbide. El abuelo Carrera debe haber visto en la ciudad de la estrella tremenda morena de unos ojos que fueron suficientes para quemar sus naves y nunca más volver a su tierra. Se quedó en la Xelajú de Don Jesús Chus Castillo, de Osmundo Arreola, de los Rolz Bennett, de los Árbenz Guzmán, de los Bethancourt y de los Hurtado, de Víctor Villagrán Amaya, de Werner Ovalle López, de Otto René Castillo, de Alberto Fuentes Mohr y de Severo Martínez Peláez. Xelajú de Los Trece: Comenzando con Santos Carrera, terminando con Wozta Aguilar. He ahí, de acuerdo con mi criterio, las raíces de El Chino Grande.

Continuará…

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