Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¡Sálvese quien pueda!

La tragedia de El Cambray II es reflejo de un viejo paradigma que debe morir.

— Carol Zardetto
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Una tajada de pastel contiene el pastel completo. Y nada como una metáfora. El monte se les vino encima a los pobladores de El Cambray II. Gente vulnerable, apabullada por la crudeza de una realidad inmensa.

¿Qué hay detrás de esta tragedia? ¿La mala fortuna? ¿La mano de Dios? No. Es el resultado de la ley de causalidad. Una sociedad que ha venido funcionando de la mano de la corrupción, con ausencia de un Estado interesado en el bien común, con una pobreza perversa porque contrasta con la vanagloria de un puñado de privilegiados, dueños de la Ley y de los gobernantes. La sociedad del “sálvese quien pueda”. Y, por supuesto, los más vulnerables no son ni siquiera ciudadanos. Todas las injusticias van a dar a la ausencia de ciudadanía como si allí estuviera la boca de un inmenso desagüe.

Los neoliberales de este país deberían sentirse orgullosos. Sus teorías basadas en el egoísmo tienen una perfecta expresión en esta tragedia. Las municipalidades no pueden imponer limitaciones al derecho de propiedad, dicen. Si la gente estaba allí, era por su gusto, dicen. Si ganaban demasiado poco para procurarse una vivienda segura, fue culpa del mercado. Las empresas deben estar incentivadas para crear trabajo en condiciones óptimas. ¿Y esto cómo se entiende? Simple: deben generar la riqueza del empresario y ello implica sueldos que permiten dos cosas: gente que habita en condiciones no aptas y mansiones para los acumuladores de riqueza. ¿Impuestos? No. Gravar la riqueza es cosa de los regímenes comunistas, ¡tan desmotivantes! La vida es así. Ofrecer otra cosa es populismo. Ya lo dijo Hobbes, el hombre es el lobo del hombre. ¿Qué se puede hacer? Solo nos resta la caridad…

Cuando la gente salió a la calle este año, lo hizo motivada por un oscuro dolor. No, no se trataba específicamente de La Línea 1 o 2, como se ha especulado. Se trataba de algo más complejo: la necesidad urgente de hacer nacer otra Guatemala. Una que no duela tanto. Y esta transformación pasa por el cambio estructural del país. Y esta transformación pasa por afectar los gigantescos intereses de mucha gente acostumbrada a vivir de la corrupción deletreada con todas sus letras y matices.

La gente salió a la calle en busca de un cambio de paradigma. Quien no lo entienda no supo tomarle el pulso al movimiento. Pero para discutir un nuevo paradigma, para llegar a acuerdos, precisamos de un espacio político saneado. No de oscuras vendettas de clase. Construir un nuevo paradigma donde El Cambray II ya no sea posible. He allí, la metáfora perfecta para comprender el movimiento ciudadano para quienes no lo tienen todavía claro. Esto apenas empieza.

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