Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Dos simples espectadores

Si se está contra la corrupción, por qué no hablar de focalizar las áreas de inversión pública.

Fecha de publicación: 13-10-15
Por: Renzo Lautaro Rosal

Las semanas anteriores han presentado un pequeño muestrario del tipo de hechos que rodearán, cotidianamente, el devenir del próximo gobierno. Un drama humano vendido como desastre natural (El Cambray II), violencia imparable (asesinatos a más no poder), conflictos a nivel local (mezcla entre linchamiento del alcalde del municipio de Concepción, Sololá; existencia de grupo armado en respaldo a la impunidad y denuncias por malos manejos de fondos públicos), persistente violación a los derechos humanos (acumulación de muertos por la crisis de la salud pública); el menú es interminable. Morales o Torres tendrán una cancha limitada para actuar y menos aún para tomar decisiones. Los dos candidatos son, en esencia, títeres que dependen de los manejadores de los hilos. No es casual que no generen mayores entusiasmos, más bien ocurre lo contrario. Priva un ambiente generalizado que estamos ante una escogencia cargada de incompetentes e inocuos.

El juego de los condicionantes proviene de un amasijo de tramas, unas sofisticadas, otras burdas; unas fácilmente detectables, otras que transcurren solo a través de señales. En cualquier caso, eso que llamamos gobernar no es más que actos de formalismo para lo que ha sido diseñado e implementado por otros. El marco de actuación de los actores formales ha ido de más a menos. Antes los gobernantes y sus equipos decidían en un terreno mayor, hoy las sujeciones son mayores y rápidamente quedan a expensas de las decisiones de los actores que a la sombra manejan los hilos del poder. El terreno de lo público es, en extremo, reducido. No por gusto a lo largo de las últimas tres décadas se ha creado un colectivo de capitales emergentes cuyo denominador común sea el enriquecimiento a costa de los recursos estatales.

Mientras los distractores toman el escenario, contratistas, usurpadores del poder, redes criminales, narcotraficantes, arribistas, sobalevas y todo un conjunto de especímenes diseñan cuidadosamente los mecanismos por medio de las cuales rodearán a quien gane la segunda vuelta y fácilmente lo harán ceder. Ahora que han quedado al desnudo algunas de las formas de proceder que crearon sofisticadas redes de corrupción, es preciso construir otras para continuar el proceso de erosión y control político. No es casual que la bandera de la lucha contra la corrupción, sea una fórmula para evadir los rezagos causantes que ese fenómeno se haya enquistado hasta la médula. Si se está contra la corrupción, por qué no hablar de focalizar las áreas de inversión pública, aumentar la tributación, reorientar el gasto público, priorizar el desarrollo humano y potenciar los marcos regulatorios para contener los excesos de privilegios. No hablar del imperativo de la distribución equitativa de recursos, la colocación de metas concretas para reducir la añeja desigualdad en los ingresos o colocar números concretos para mejorar la eficacia de los programas de bienestar social, son algunas de las preocupantes omisiones que confirman lo precario que serán los siguientes meses.

renzolautaro.rosal@gmail.com