Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Por el retorno de partidos programáticos

Propuestas abiertas de reconstrucción del Estado.

— Édgar Gutiérrez
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Durante décadas abjuramos de las ideologías, con una razón fundada, y no por Francis Fukuyama que, ya vimos, no tuvo razón. Acá, en nombre de las ideologías se persiguió brutalmente a tres generaciones de líderes políticos y sociales. Las ideologías no fueron contrastadas en el campo del debate y la propuesta; fueron reprimidas con el método que niega la política, la violencia.

Desde hace 30 años vivimos en democracia y ya no se persigue, al menos institucionalmente, a los creadores o portadores de ideologías. Ahora solemos reclamar –sobre todo en los periodos electorales– debates de ideas y modelos de Estado. Pero no hay tales deliberaciones. Y cuando las ideas y las propuestas surgen –en el campo académico, más que en el político– las ignoramos o descalificamos. En parte debido a que los portadores de ideologías no evolucionaron, se anclaron en la Guerra Fría. En parte, porque los ideales colectivos dejaron de ser motor de la política. La motivación principal es acumular dinero rápido y abundante.

Nos movemos en los extremos del péndulo. Hubo una época en que las ideologías eran dogmas que constreñían la libertad de cátedra, de investigación y conocimiento social. Fragmentaban hasta el infinito a las fuerzas políticas. Demasiado organizadas y jerarquizadas para una realidad de asombro, aunque en una sociedad por tradición demandante de certezas religiosas. Lo que no contempló la ideología no existía en la realidad, aunque los procesos sociales vivos reclamaban ser auscultados con mentalidad abierta y un método científico de aprendizajes sucesivos.

Ahora, la crítica abierta de los partidos franquicia y del vaciamiento de la política, abre la oportunidad del retorno de partidos programáticos e ideológicos, entendidos como propuestas abiertas de construcción plural de un Estado que recupere funciones básicas, incluyendo orientar estratégicamente a la sociedad, brindar con eficiencia protección a sus habitantes y resguardar la soberanía compartida en la civilización del Siglo XXI. El sentido más elemental de supervivencia movilizó a la población este año durante 20 semanas, indistintamente de su condición social o manera de pensar, ofreciendo la oportunidad única de reconstruir el sistema de partidos sobre identidades ideológicas y códigos de pertenencia no excluyentes, capaces sobre todo de identificar el terreno común donde se edifica la Nación como hogar permanente, seguro y afectivo con todos los pueblos que la integran.

Para que la primavera estalle en definitiva, los nuevos sujetos políticos deben adquirir fisonomía y esa otra visión del desarrollo debe formar parte de la cultura de negocios, de la organización y de la participación comunitaria.

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