Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Dramática situación económica en Venezuela

— EDITORIAL
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La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) informó sobre la grave crisis económica por la que atraviesa Venezuela. Según el FMI, la economía venezolana acusa una recesión del diez por ciento y una inflación acumulada a finales de este año del 160 por ciento, lo que se atribuye a la caída de los precios del petróleo, prácticamente el único producto de exportación de Venezuela, y a la ausencia de alternativas productivas. Para el año 2016, el FMI proyecta una contracción económica del seis por ciento y una inflación que podría llegar hasta el 200 por ciento. Por su parte, el diputado regional por el Estado Miranda y miembro del Centro Popular para la Formación Ciudadana (CPFC), Cipriano Heredia, afirma que en los últimos 16 años (de revolución chavista) el bolívar venezolano se devaluó un 139,400 por ciento respecto del dólar estadounidense.

El FMI también advirtió que la economía venezolana cayó de la cuarta a la séptima posición en el ránquin de economías de América Latina. Las tres primeras economías son: Brasil con un Producto Interno Bruto (PIB) de US$1.8 billones (US$2.6 billones en 2011), México con un PIB de US$1.16 billones y Argentina con un PIB de US$580 millardos. Les siguen Chile y Colombia en el cuarto y quinto puesto. Perú, con un PIB de US$179.9 millardos, ocupa la sexta posición, en tanto que Venezuela se ubica en la séptima casilla con un PIB de US$131.8 millardos, casi un tercio del PIB que tenía en 2012 y la mitad del PIB de Colombia.

Sin duda, estos datos elocuentes explican el desabastecimiento, la carestía, el racionamiento y la pérdida de poder adquisitivo que se vive en Venezuela, así como la desesperación en que están sumidos los habitantes. Sin embargo, la propaganda del régimen de Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez, líder máximo de la “Revolución Bolivariana”, continúa atribuyendo el desbarajuste a una presunta “guerra económica” orquestada por la “burguesía” y el “impe-rialismo”.

El régimen dinástico de Álvaro Colom (2008-12), de corte populista autoritario, estaba calcado en el régimen chavista. Gastó millardos de quetzales en clientelismo político a base de aumentar irracionalmente el endeudamiento público. Intentó que nuestro país se adhiriera al sistema Petrocaribe, que permite comprar combustible, a precios de mercado, pagando al contado el 50 por ciento del precio y el otro 50 por ciento en un plazo de 25 años, a una tasa de interés del uno por ciento con dos años de gracia. No supone la adquisición de combustible a precios inferiores a los del mercado internacional, sino que solo evita la presión de liquidez, ya que el 50 por ciento del precio se convierte en deuda pública, pagadera a 25 años plazo.

O sea que no se abarata el combustible, sino que lo único que se asegura es que el 50 por ciento de la factura petrolera no se pague de inmediato, sino que a plazo (crédito para consumo y no para inversión), lo que permite al Gobierno gastar lo que no se paga (en clientelismo y demás).

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