Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El mercado es un criminal

Extraña mano asigna uso del suelo.

— Helmer Velásquez
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Sí como afirman teóricos y fanáticos, el Mercado determina el uso del suelo, es sencillo concluir que este misterioso artilugio de “mano invisible”, amplios poderes y voluntad propia, es el causante de que muchos guatemaltecos, no tengan ni petate donde caer muertos y vivan en territorios inhabitables: al pie de cerros, en bordes de barrancos o en el fondo de abismos, con vista exclusiva a río de aguas negras y mirada preferencial a elevados puentes que surcan sus condominios. Este pícaro mercado determina, por sí mismo, que las capas medias y altas habiten en planicies o en laderas de ensueño con todas las seguridades –policía privada incluida. Se trata de una imperfección de mercado. Pero imperfección al fin, cualquier siglo de estos se corregirá por sí misma. No hay que intervenir porque el mercado es virtuoso, sana sus propias heridas.

Las élites económicas de este país, se refieren al mercado como algo inmaterial, regido estrictamente por la oferta y la demanda. Pretendida concepción que intenta encubrir a quien le da vida: un ser humano –generalmente– merolico de la plusvalía, que a partir de leyes terrenas dictadas por él; tiene legalizada la concentración de activos y bienes naturales obtenidos a sangre, fuego y esclavitud. Asalto, que en su momento provocó la extinción del 50 por ciento de sus antiguos propietarios, episodio, en que de forma simultánea construyó República y Estado a la medida de sus intereses, para garantía de que su riqueza perdure por los siglos de los siglos. Es de aquella forma anómala y absolutamente inhumana –sin mano invisible alguna– que se construyó este país y su metrópoli. Generación tras generación, indígenas y mestizos han generado riqueza y asistido al reparto de la pobreza: esa es la verdadera historia del asentamiento precario. Urbano y Rural. No hay tal oferta y demanda inmobiliaria que haya determinado aquello. Es simplemente avaricia. Esa realidad es la que habrá que transformar. No será con leyes. Esta ciudad tiene Leyes de Ordenamiento territorial y los barrancos están superpoblados.

Nuestro problema es la desigualdad. La riqueza concentrada. Un Estado ausente, sin política de vivienda y que promueve los asentamientos precarios. ¿De qué otra forma, entender el monto del subsidio estatal: Q35 mil para que una familia construya su propia “solución” habitacional? esa suma alcanza –con mucha suerte– para lote inhabitable y champa de cartón y plástico. Esta sociedad y este mercado, conmemoró el Día Mundial del Hábitat soterrando a 600 de sus pobladores.

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