Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Golpe de realismo

El Cambray II es un crudo recordatorio del ciclo de pobreza, desigualdades y discursos demagógicos.

— Renzo Lautaro Rosal
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De golpe, asoma un nuevo capítulo dramático; dejando una secuela de muerte, afectaciones emocionales y materiales. Lo sucedido en El Cambray II es un fuerte jalón de orejas sobre la crudeza y erosión que seguimos teniendo como sociedad; mezcla de vulnerabilidades a flor de piel. Muestra repetible del persistente abandono del Estado, desborde de institucionalidad permanentemente frágil como creación intencionada, municipalidades que privilegian la atención de lo decorativo y la captación de electores, dejando atrás las demandas por la vida; conjunto de factores infuncionales desde su diseño. ¿Podrá ese suceso remover los tradicionales patrones de atención a las consecuencias irreparables de los “desastres naturales”?, eso está por verse. Es predecible que el drama se convierta en falsos argumentos que promoverán transferencias presupuestarias, contratos sin licitar, contrataciones de personal innecesario, compromisos de haga ahora y después se le paga. Los ejemplos de los casos previos arrojan una distorsión de fondo: terremotos, inundaciones, aludes han sido muestras contundentes de la dicotomía entre atención y efectividad en los momentos de emergencia vrs. abandono a la hora de emprender los correctivos de fondo. Siempre es bueno presuponer que ojalá este evento rompa ese ciclo. El Cambray II es un crudo recordatorio del ciclo de pobreza, desigualdades y discursos demagógicos. Hace diez años el deslave ocurrido en el caserío Panabaj, Santiago Atitlán, debió haber dejado lecciones; pero en realidad, ese libro simbólico fue nuevamente abandonado para dar paso a la improvisación, la agenda de nuevos negocios y la oleada de promesas. Hoy, ese sitio como muchos otros más, es un recordatorio de las vergüenzas que amasamos debajo de la alfombra.

Mientras tanto, dependemos del voluntarismo. Esa mezcla de compromiso, capacidad de reacción, solidaridad, sentido de comunidad; ahora matizado positivamente por la ola de unidad que sigue estando presente en momentos de aprietos. Lo deseable ese movimiento no sea temporal, ya que no se trata de un “caso” sino de un continuo de una sociedad precaria por donde nos queramos ver; hoy más que en 2005. Cientos de comunidades que tienen el mismo perfil para que en cualquier momento sean cubiertas por toneladas de realismo; cientos de alertivos que han sido ignorados motivados por el peso de la falta de incentivos inmediatos.

Cuando en menos de catorce semanas iniciará un nuevo sortilegio con el poder, es oportuno que quienes conformarán el nuevo gobierno central y a nivel local, y quienes asuman las curules en el Congreso abandonen el terreno de las ideas fantasiosas y las falsas promesas que le entrarán a todo cuanto se les pide; para caer en la cuenta que la agenda de los pendientes es concreta y no amerita más ocurrencias.

Romper con la cadena de las fragilidades implica también salir del momento delirante de quienes piensan que “mucho” ha cambiado desde las jornadas de abril y mayo. Se ha avanzado en la ruta de lo “poco”, de lo inmediato. Las falencias de fondo siguen inalterables.

renzolautaro.rosal@gmail.com

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