Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El peligro del activismo intrascendente

Al final del día estamos exhaustos de tanta actividad.

— Richard Aitkenhead Castillo
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La velocidad del cambio es cada vez más acelerada. El tiempo dedicado a la red, parece nunca ser suficiente. El diálogo tranquilo y pausado, entre seres humanos reunidos en un mismo sitio, es cada vez más escaso. La comunicación por medio de mensajitos, vía teléfono, parece nunca detenerse, incluso en medio de una cena familiar o de una reunión de trabajo. Existe la sensación que si no respondemos en forma inmediata a los correos, mensajes, invitaciones, fotografías o comentarios colocado en las redes sociales, estamos perdiendo algo trascendental. Es un trompo que no para de girar.

Al final del día, estamos exhaustos de tanta actividad. Se han recibido y contestado decenas de correos, se han entablado cientos de conversaciones vía mensajes, se han revisado las redes sociales preferidas para estar al tanto de lo que acontece a nuestro alrededor, al igual que en las partes más lejanas del mundo. Hemos podido comentar sobre lo expresado por otros y hemos leído, visto o escuchado un sinfín de información disponible en la red digital. Sin lugar a dudas, hemos estado activos, muy activos.

Estar activos, sin embargo, no significa haber avanzado en dirección de una meta de importancia. No existe, necesariamente, una relación entre ese torbellino de comunicación y esa energía desplegada en mantenernos al día, con el alcance de nuestros objetivos más importantes. Muchas veces el exceso de actividad, nos aturde y nos aleja más de nuestros sueños. El peligro está en dejar que el torrente de información nos controle, en lugar de ser nosotros quienes controlemos y filtremos la información que nos llega. El problema actual no es falta de información sobre cualquier tema que nos interese, es la capacidad de filtrar la información existente y encontrar la relevante. Hoy en día, podemos obtener información en exceso sobre cualquier tema.

El desafío de la era moderna es no perder el rumbo escogido, el objetivo determinado, el balance de vida. Entre tanto ajetreo a nuestro alrededor, entre tanta demanda a nuestra atención, entre tantas relaciones virtuales, podemos terminar exhaustos y sin dedicar tiempo a nuestras prioridades. El primer paso, por supuesto, es conocer y tener claramente establecido el rumbo. No hay meta alcanzable sin primero estar establecida, y tenerla por escrito. No podemos avanzar cada semana, sin tener un listado claro de acciones a realizar y logros a ser alcanzados. La distribución de nuestro tiempo debe reflejarse en este listado. Recuperar el control de nuestro tiempo, de nuestras prioridades, de nuestras relaciones. Demasiada comunicación puede ser tan negativa, como el tener escasa comunicación. Hoy, es muy fácil estar cerca de los que están lejos, y alejados de quienes están cerca. Si no controlamos nosotros el torrente de información y comunicación digital, ella nos controlará a nosotros. El activismo intrascendente es hoy una realidad, debemos estar atentos que no domine nuestras energías y nos distraiga del camino trazado.

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