Lunes 22 DE Abril DE 2019
Opinión

1 de octubre

No ponemos escuelas en las fincas, declaró un oligarca, porque si los niños estudian, se van, y nos quedamos sin mano de obra.

— Miguel Ángel Albizures

Hoy, muchos se tocarán el corazón y la bolsa en búsqueda de unas cuantas monedas para dar al niño o a la niña, que en cualquier semáforo le extenderá la mano o intentará limpiar el vidrio de su carro con la esperanza de recibir algo para saciar el hambre o para llevar un par de panes a su casa. Mucho se ha dicho de la utilización de los niños para pedir limosna, y es cierto, como lo es el hambre que padecen y el abandono vergonzoso en que les tiene el Estado.

Cientos de millones se gastaron y se seguirán gastando en la campaña electoral para la segunda vuelta del 25 de octubre y, de plano, ambos candidatos se comprometerán a cumplir los objetivos del milenio y, tal como sucedió hace cuatro años, se hablará de “hambre cero” de “bono seguro”, de “bolsas solidarias”, de poner atención al agro guatemalteco, de invertir en educación, en salud o vivienda, pero como siempre ni siquiera se cumplirá con la refacción en las escuelas y con la entrega de los útiles escolares.

Lo único que es seguro en Guatemala, es la criminalización y la persecución de los niños de la calle, pero no así el ataque frontal a las causas que provocan la delincuencia juvenil, el hambre y la desnutrición del cincuenta por ciento de la niñez guatemalteca, porque eso representa tocar estructuras injustas y afectar los intereses de quienes nadan en la abundancia. ¡Qué importan los niños, si lo que interesa son las ganancias! No ponemos escuelas en las fincas, declaró un oligarca, porque si los niños estudian, se van, y nos quedamos sin mano de obra.

La transformación del Estado, pasa por afectar la tenencia de la tierra que está en pocas manos, o sea por una transformación profunda del agro o, por lo menos, aprobación e implementación de la Ley de Desarrollo Rural Integral, pero también por afectar la injusta distribución de la riqueza que acaparan unas cuantas familias. Se necesita fortalecer el Estado, dotarlo de recursos para atender las más ingentes necesidades, pero para eso es necesario elevar la carga tributaria, evitar la evasión fiscal y seguir combatiendo de frente la corrupción en las instituciones públicas.

De nada sirve cambiar gobernantes y meterlos a la cárcel, si no se lucha decididamente por darle a la niñez de hoy, la esperanza de un futuro mejor, de una Guatemala justa y solidaria, donde la sociedad ha dejado de ser indiferente al hambre y a la muerte por desnutrición crónica de millares de niños, pues mientras esa situación persista, no hay porqué celebrar el Día del Niño, si la mayoría de ellos vive en condiciones miserables.

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