Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Ricardo Asturias Valenzuela (*1920-†2015)

El doctor se distinguió por ser un profesional capaz, honrado y de honda sensibilidad social.

Fecha de publicación: 29-09-15
Por: Eduardo Antonio Velásquez Carrera

El domingo recién pasado el país ha perdido a uno de sus prohombres. El entonces estudiante de medicina, Ricardo Asturias Valenzuela, conocido como Chicalote, perteneció al núcleo del movimiento estudiantil proveniente de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional, como entonces se llamaba la San Carlos, que se sublevó en contra del gobierno de Federico Ponce Vaides. Fue uno de los universitarios, del grupo conocido como “Los Catorce” –que en realidad fueron quince, uno de ellos perdió la vida en el levantamiento popular–, que ingresaron y tomaron las armas en la Guardia de Honor, en contubernio con la juventud militar –lideradas por Francisco Javier Arana y Jacobo Árbenz Guzmán– y los grupos de artesanos y obreros citadinos que marcarían la alborada revolucionaria del 20 de Octubre de 1944.

El doctor Asturias Valenzuela se distinguió por ser un profesional capaz, honrado y de honda sensibilidad social. Fue electo diputado a los 23 años. Apoyó y trabajó por los gobiernos revolucionarios de octubre. Durante la gestión del pedagogo presidente Juan José Arévalo Bermejo, fue uno de los fundadores del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) en 1946 y un servidor público en la Sociedad Protectora del Niño, por medio de las famosas y conocidas “Casas del Niño”, en donde prestó sus servicios profesionales de forma gratuita, a partir de 1948. En 1953, formó parte del Consejo Nacional de Scouts de Guatemala. Siempre fue un lúcido crítico del IGSS, entidad que conocía muy bien y a la cual le aportó, no solo su conocimiento como profesional de la medicina, sino especialmente su capacidad como gestor administrativo y político para su mejoramiento. En varias revistas académicas y en videos y documentales filmados tanto en Guatemala como hechos en el extranjero consta su permanente pensamiento revolucionario. Todavía el año pasado, para la conmemoración del 20 de octubre, participó como comentarista de los videos realizados por la Usac sobre el presidente Árbenz y le manifestó a la juventud actual su confianza en la organización civil y en su participación política, para enfrentar y superar los problemas en cuanto a educación, salud, trabajo, vivienda, pobreza y desnutrición que el país vive. Tuve el privilegio de conocerlo, más allá de lo señalado por los libros de historia sobre el período. De nuevo, tuvo que ser de la mano de mi tío y doble padrino, Carlos Enrique El Chino Carrera Samayoa que lo conocí, a él y a su apreciada esposa. Era en los cumpleaños de El Chino que se juntaban los amigos, que lo fueron de toda la vida. Mis condolencias a su familia, a los niños de las Casas del Niño, por las que siempre luchó y al pueblo de Guatemala, pues nos deja uno de los imprescindibles…