Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Parece broma y no lo es

El que siembra vientos amargos cosecha amargas tempestades.

— Amílcar Álvarez
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Las elecciones hacen visible lo invisible y salen a flote durmientes acechando al corcel para montarse sin creatividad, a la brava, repitiendo la misma ensalada. Por un lado, un diputado de una mancuerna de partidos que representa el 2.2 por ciento de los ciudadanos empadronados exige que los candidatos digan quiénes son los ministros del futuro gabinete dándoles un plazo perentorio. Con el cinco por ciento exigiría que lo nombren ministro sin cartera. Por su parte los que integran la Comisión de Finanzas no aprendieron la lección y creyéndose los dueños no daban su brazo a torcer impidiendo su ampliación, lo triste es que saben dividir a la perfección pero algunos tienen dificultad contando ovejas no digamos abejas con los dedos de las manos –se hacen bolas– hablando con suficiencia digna de mejor causa de presupuesto desfinanciado. El chinito miau miau les puede enseñar gratis a multiplicar, sumar y restar, lo encuentran en la línea del tren –la 3– con una su patoja viendo que la Luna se pone roja cuando se enoja.

De las ruinas del conflicto armado también salta otra liebre con nostalgia y sin sutileza, pidiendo para darse cartas y empezar la jugada, Q300 millones como si fueran pepitas de jocotes y reforestar el país con un patriotismo que deslumbra. Un programa de esa naturaleza se enmarca en una política de Estado definida y coherente con el fin de lograr el objetivo que se busca, sin permitir que lo manipule un grupo amorfo a cambio de votos al mejor postor o pastor que dice lo mío es mío y lo demás de todos, se pasan de listos creyendo que todavía vivimos en el siglo XV arreando pijijes. Ya montados en el semoviente bloquean carreteras un día sí y otro también, exigiendo cumplir lo prometido y hacen lo que les sale del níspero sin respetar derechos ajenos, empezando por el de locomoción. A ese precio mejor que nos hagan el favor de no votar. Los candidatos no pueden prometer recursos del pueblo por votos, solo eso faltaba, si desean bailar en la zarabanda pongan la marimba y pasen el lazo a choca la pieza y a otro chucho con ese hueso.

En política al que se cae del burro no lo recogen. Un botón de muestra es la señora Baldetti, no encuentra cobijo en ningún lado, nadie la quiere. Sin duda el destino es implacable. El que siembra vientos amargos cosecha amargas tempestades y a veces es tarde para entender que detrás de la prosperidad artificial se esconde un sufrimiento eterno. En sus cargos los funcionarios se ven más sanos que una mazacuata pero cuando les imputan la comisión de un delito y los meten al bote, resultan con enfermedades incurables o se hacen los locos, mientras se averigua, el Estado previendo males mayores les da seguridad y la atención médica disponible sin privilegios. A veces se les va la mano con peticiones exageradas, en este caso para no andar del tingo al tango solo falta que pidan su traslado al Hospital Metodista de Houston y echarse por casualidad un buen párrafo con míster Busch father sobre el cambio climático, la guerra fría, la tibia o la caliente y contarle cómo se come caviar los tres tiempos sin honradez ni stress, tumbando un régimen en tres años sin heridos, puros muertos…

La segunda vuelta de las elecciones despierta pasiones legendarias recordando que la política es como el amor donde la palabra es forma y se vuelve mítica, simbolista y exigente. Los intereses creados existen y se mimetizan con el ganador de mil maneras, sacando raja de la naranja dulce o del limón partido. Es normal que suceda y hay que estar alerta, no vaya a ser el diablo y se repita la película de dos rivales que son lo mismo: Una melodía inconclusa sin poder aplacar la preocupación social y política que nace en el discurso superficial. No obstante la vida sigue, es bella y el perfume de su mirada es mi perfume. Hombre soy, dice don Rubén en sus profanas prosas.

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