Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La sociedad, las niñas y el Presupuesto

Faltan los 43 de Ayotzinapa, faltan nuestras desaparecidas y desaparecidos.

— Anamaría Cofiño K.
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La sociedad somos todas las personas, lo que hacemos, sentimos y pensamos, con nuestras divergencias y diversidades. Como conglomerado, compartimos más que territorios, necesidades y problemas; no solo historia, sino presente. La sociedad guatemalteca es una amalgama de fracturas y contradicciones que parece incomprensible, no obstante es un término que nos engloba a mujeres y hombres de todas las edades y condiciones que convivimos aquí y compartimos pocos rasgos de identidad, algunas escasas referencias y una serie de fenómenos cada día más generalizados y agudos, como las múltiples formas de violencia.

Como sociedad con ambiciones democráticas, hoy tenemos la responsabilidad de ponerle un alto definitivo a un hecho que simplemente no debe existir, bajo ninguna circunstancia. Hablo de las 14 o más niñas que son violadas y embarazadas cada día, como resultado de una cultura que destruye desde temprano las vidas de las mujeres. Ignorar con indiferencia este fenómeno absolutamente condenable, es tolerar o permitir que a nuestras chiquitas les pueda suceder cualquier horror. Que tantas criaturas indefensas estén forzadas a ser madres, impidiéndoles adquirir educación, orillándolas a la prostitución, exponiéndolas a enfermedades y daños psicosociales, es un problema no del Estado, de sus familias o vecinos, es de conciencia colectiva, es un asunto grave que nos afecta en lo económico, político, cultural y sobre todo, en lo ético.

Quienes violan sexualmente a una menor de edad, quienes facilitan esas situaciones, dándolas por naturales, quienes silencian estas aberraciones, son personas dañadas por un sistema de creencias que sostiene la cultura que abusa y esclaviza a las mujeres y los más débiles. Hombres que afirman su virilidad, padres que atacan a sus hijas, parientes que las torturan, adultos que contribuyen, son parte de una maquinaria mezquina que socava las redes de cuidado y afecto, promueve las guerras, alienta la competencia y no la colaboración. Ese tipo de moral enaltece al machismo como modelo de comportamiento excluyente y discriminador.

Las diferentes manifestaciones y tipos de violencia son propiciadas y cultivadas para que el orden capitalista, colonialista y patriarcal siga dominando el mundo. Solo así pueden sostenerse las injusticias que afectan a la mayoría de habitantes del planeta.

Que en la propuesta de Presupuesto de la Nación se reduzcan los recursos para los servicios sociales y se otorgue un aumento al rubro de competitividad es una atrocidad que riñe con la posibilidad de resolver necesidades inmediatas, como la salud pública. Estimular la competitividad significa en la práctica: reducir derechos laborales, favorecer a empresarios, crear condiciones para la destrucción y la impunidad, desechar la solidaridad.

Un Estado que no dedica energías y recursos para prevenir, evitar y sancionar las violencias que padece la gente en todos los espacios es un aparato inservible. Una sociedad que se queda impávida y no actúa en defensa de la niñez, está condenada al fracaso y al dolor. Razones de más para seguir en las protestas.

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