Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Reformas van y vienen

En ningún país civilizado los legisladores tienen obra pública asignada, no la supervisan ni sus empresas la ejecutan como sucede aquí.

— Amílcar Álvarez
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Los resultados electorales demuestran la importancia de realizarlas acorde con la realidad social y no con el deseo o intereses de los políticos. En esa perspectiva, hay que incorporar en la reforma de la ley que los partidos que no obtengan en las elecciones un mínimo del cinco por ciento de los votos de los ciudadanos empadronados se cancelen aun ganando curules, sin percibir dinero por voto. Los magros resultados que obtienen algunos es una expresión social de inconformidad legítima, un rechazo a los candidatos, al sistema y lo menos que deben hacer es cambiar la modalidad actual respetando ese derecho, incluyendo el de la abstención que es un porcentaje elevado. Evita además la proliferación de partidos, un negocio mejor que las franquicias de tacos que agudizan la crisis política. Cada cuatro años los aspirantes a la guayaba participan con algarabía sin ignorar que es más fácil pegarle al gordo o al flaco de la lotería, que ganar las elecciones. En las recientes el caudal de votos de libre Encuentro por Guate fue fantástico: 43 mil 916. Representa el 0.57 por ciento de 7 millones 556 mil empadronados con siete diputados electos incluida su fundadora, por sexta vez consecutiva. El sistema es injusto y absurdo, un rompeolas a la medida en una nación perdida en el desierto. El beneficio es material y la terapia de asolear un ego del tamaño de la catedral, dándole la mano al pópulo y después lavarse con alcohol. Dicen que también lo hace don Arzú pero no mea colonia como AZNAR que al país está por llegar. Hay que verificar y aclarar si es el caso, que la bola no la levantaron sus contrincantes a la alcaldía, a los que sin tanta bulla les dio morcilla noche y día el mismo que viste y calza, al que le gusta y baila salsa, en el palacio de la loba con una escoba.

Por su parte los diputados han convertido el Congreso de la República en un mercado desvirtuando su función que se circunscribe a legislar, fiscalizar y ser parte del sistema de pesos y contrapesos consolidando la democracia. No existe justificación lógica, política ni legal para que se distribuya el listado geográfico nacional de obras a su sabor y antojo, descentralizado la corrupción. En ningún país civilizado los legisladores tienen obra pública asignada, no la supervisan ni sus empresas la ejecutan como sucede aquí, ya es tiempo de poner orden en ese organismo caracterizado por ser una especie de caja de pandora. Si no reforman leyes y se regenera la conducta de los políticos seguirán siendo beneficiados por la llamada matemática electoral al revés, convertida en algo parecido a una ciencia exacta donde salen ganando todos, incluidos los que pierden las elecciones. El descrédito es lo único que no se roban, se lo han ganado a puro pulso por cuenta propia, haciendose los quites o los locos cuando el pueblo les dispara palabras de grueso calibre al reunirse en las plazas exigiendo su renuncia. Un experto en magia colorada dice que los astros se están alineando en su contra, por andar ofreciendo mentiras sin tener sentido de la realidad ni de la historia.

Si el cuento es verdad, a lo mejor un día de estos les tumban la puerta con la respectiva orden de captura y paran en el bote con la opción de hacerse los enfermos aunque sea del alma. A esos cuerudos ni gripe les da, de vez en cuando estornudan con un catéter a la mano por si las flys, buscando borrón y cuenta nueva. Cerca del Potomac, el embarrigón dice ufano que en Guate no hay tos: Es un país rebonito donde no hay pobres, solo gente sin pisto. Y sin hambre, al perder el apetito y su rancho por culpa del huracán fufú y salir huyendo más rápido que un gitano exorcizado con un pollo bajo el brazo, haciendo escala en el Río Bravo antes de entrar contentos a la tierra prometida para que luego los regrese la migra con un chicle en la boca por cortesía de mister Trump, si gana…

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