Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Gravísimo error

Los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República deberían tener la posibilidad de serlo –también– a diputado.

— Acisclo Valladares Molina
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No se trata de regalar nada a nadie pero sí de permitirles que puedan inscribir, adicionalmente, como candidatos a diputado, cargo que ocuparían solamente si lo ganan y, por el contrario, no ganan la elección presidencial.

El actual sistema no lo permite –lo prohíbe expresamente la Ley Electoral y de Partidos Políticos– y el destino de los principales líderes políticos es que, si no ganan la elección presidencial, se queden también fuera del Congreso con la grave consecuencia de que la oposición parlamentaria –ausentes las figuras políticas fundamentales– carezca de la debida contundencia.

Lo lógico sería que si Jimmy Morales o Jafet Cabrera perdieran la elección presidencial pero hubieran ganado la elección de diputado, ya sea por listado nacional o por distrito, el próximo Presidente de la República, en este caso, Sandra Torres, se encontrara con una oposición en el Congreso, encabezada por sus líderes.

Lo mismo podríamos decir en cuanto a Sandra Torres y Mario Leal, si estos la perdieran: Lo lógico sería que estos encabezaran la oposición parlamentaria y que el presidente Jimmy Morales tuviera una oposición encabezada por sus líderes.

Ya han quedado fuera de la contienda presidencial y también de cualquier posibilidad –nunca la tuvieron– de hacer oposición desde el Congreso, Manuel Baldizón, Zury Ríos, Mario Estrada, Alejandro Giammattei, José Ángel López, Roberto González, Mario David García, Aníbal García y Juan Gutiérrez quienes, perdida la elección presidencial y no habiendo podido ser candidatos a diputado, se han quedado sin ninguna posibilidad de expresión política institucional debiendo hacer su oposición fuera del Congreso.

Nuestro sistema político es presidencialista pero, a la vez, semiparlamentario por lo que sería deseable que –a la usanza de los sistemas parlamentarios puros– los líderes de la oposición se encontraran en el Congreso y que desde este, la ejercieran–incluso– desde un principio y en todo momento –como futuras opciones de gobierno.

El caso más patético de este gravísimo error se hizo patente en el caso de Jorge Carpio Nicolle, el malogrado líder de la Unión del Centro Nacional quien perdiera la Presidencia de la República y, ausente también del Congreso, nada pudo hacer para mantener el orden y la oposición en la inmensa mayoría parlamentaria que obtuviera, sus diputados entregados al oficialismo, entre “bisneros” y chantajistas.

Si aquel notable y malogrado líder hubiera podido –como diputado– encabezar la oposición parlamentaria, otro gallo nos cantara: el presidente Serrano –posiblemente– hubiera terminado su período y Jorge Carpio no hubiera sido asesinado. 

La imposibilidad de que los candidatos presidenciales lo puedan ser también a diputado no se encuentra en la Constitución Política de la República sino en la Ley Electoral y de Partidos Políticos y, en consecuencia, corregir este gravísimo error no precisa de reforma constitucional alguna, bastando la reforma de esa Ley.

Para esta elección –es lamentable– la suerte ya se encuentra echada y sea quien sea el ganador, la oposición parlamentaria –una vez más– estará pepe en esencia, con todos los vicios y peligros que conlleva.

No tendrá el Presidente de la República la posibilidad de reunirse con el líder de la oposición, dentro del giro institucional del Estado y los diputados de oposición –trágico sino– empezarán a manejarse por sí mismos, roto el cordón umbilical que tuvieron con sus líderes.

Jorge Carpio –el malogrado Jorge Carpio– desde el palco diplomático –trataba de controlar las acciones parlamentarias de aquellos que, de no ser por él, jamás hubieran sido diputados, impropia su presencia, en ese palco pero, más impropia, su ausencia del hemiciclo, el grupo parlamentario de oposición, sin líder y haciendo de las suyas…

La historia vuelve a repetirse y absurdamente, Manuel Baldizón, con la bancada más numerosa de diputados, estará fuera del Congreso, habiendo optado, incluso, por desvincularse de su partido político, sabia decisión quizá para aquel que, siendo el líder, no podría –en tanto persista este sistema que lo excluye– ejercitar y encabezar –como se debe– la oposición parlamentaria.

Un buen propósito para aquellos que se encuentran en la contienda de la segunda vuelta electoral y, especialmente, para aquel –o aquella– que, el 25 de octubre, llegue a ganarla, sería promover, como parte de su mandato, la reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos que permita superar, en el futuro, este gravísimo error, error que nos ha hecho tanto daño. Amén.

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