Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Después de las elecciones

Dejó de luchar por la libertad Sebastián Sajic Córdova, de 70 años.

— Miguel Ángel Albizures
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En medio de un montón de vaticinios fallidos, han pasado las elecciones, y los resultados están a la vista de la población. El rechazo a los resultados y las acusaciones al Tribunal Supremo Electoral no han faltado y vienen fundamentalmente de los perdidosos, de quienes decían ganar en la primera vuelta y de quienes, ni siquiera tenían la posibilidad de salvarse como partido y que los salvó la campaña llevando a uno o dos diputados al Congreso.

Sea quien sea que quede en la segunda vuelta, debe saber que hay una población vigilante, que la corrupción no será tolerada pasivamente como ha sucedido con los anteriores gobiernos al depuesto de Otto Pérez Molina. Eso esperamos. Así como esperamos que la población esté “ojo al cristo” con una posible vuelta al pasado, pues sigue la criminalización de los conflictos sociales, el asesinato de dirigentes comunitarios, las órdenes de captura a quienes se han mantenido en la resistencia en defensa del territorio y de los recursos naturales que han sido entregados descaradamente a las transnacionales y las familias de la oligarquía guatemalteca para la siembra de Palma Africana, en detrimento de los granos básicos.

Días después de las elecciones y antes del 15 de septiembre, dejó de luchar por la libertad Sebastián Sajic Córdova, de 70 años, miembro del Consejo de Principales de la Alcaldía Indígena de San Juan Cotzal, quien fue asesinado después de haber sido amenazado de muerte por su lucha en defensa de los recursos naturales de la región. El 15 de septiembre fueron allanadas y saqueadas las oficinas de Mamá Maquín, ubicadas en el municipio de Fray Bartolomé de las Casas, en Alta Verapaz. Hombres armados encañonaron a cuatro mujeres, miembros de la Asociación, y a una niña de cinco años que se encontraba con ellas. Se robaron la información que tenían de sus 25 años de lucha y las computadoras. Esta organización fue constituida después de la masacre de Panzós en mayo de 1978 y en memoria de una las mujeres víctimas de esa masacre que también había luchado por el derecho a la tierra, en esa región azotada por el hambre y la violencia.

Los cambios que el país necesita, solo van a ser posibles si se mantiene la presión social, si como resultado de las movilizaciones preelectorales surge un movimiento político social fuerte que mantenga la exigencia de transformaciones del Estado para que se inicie el fin de la injusticia histórica y para lograr una auténtica democracia y se ponga fin a la caricatura democrática que sigue imperando en el país.

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