Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Unas preguntitas

En estas condiciones, las elecciones son una farsa más.

Fecha de publicación: 12-09-15
Por: Anamaría Cofiño K.

La incertidumbre se ha generalizado en el pintoresco panorama político local. Sin proyectos fundamentados y viables, cualquier cosa puede pasar. Aun cuando los empresarios y el gobierno gringo sí tienen sus planes, como el de la supuesta prosperidad, tampoco los pueden imponer sin tropiezos y según lo desean. Lo inesperado es algo que ni ellos ni nadie puede manejar con anticipación. Y uno de estos elementos imponderables es la reacción de la gente, la respuesta ciudadana ante hechos que provocan repudio generalizado, como la corrupción.

Que un hombre como Jaime Morales salga de escenarios marginales para saltar a la palestra política sin experiencia, sin conocimientos adecuados, no es necesariamente casualidad. Tiene que haber grupos que lo respalden políticamente, que le den plata, que lo promuevan por los medios masivos. Es decir, hay un trabajo de inteligencia que pasa desapercibido, pero que resulta efectivo para sus fines. Y de tal manera, este personaje puede convertirse en presidente y comandante en jefe de las fuerzas armadas, ni más ni menos. Y en marioneta de quienes manejan los hilos del poder.

En la historia de Guatemala ya hemos tenido presidentes que ocuparon el cargo solo de fachada, como Julio César Méndez Montenegro, que asumió después de pactar con los militares su incondicional pasividad. Lo mismo podríamos decir de Vinicio Cerezo, aunque guardando las distancias, por los contextos particulares. La experiencia nos advierte que la misma ruta puede seguir este macho racista y prejuicioso que se presta para que lo manipulen quienes no dan la cara.

Lo más grave es que si no quedara él, sino Sandra Torres, la cosa no sería tanto mejor, puesto que la oposición ya está sacando sus colmillos, montándole una campaña de desprestigio que utiliza el anticomunismo y la misoginia para asustar a la población y para bloquear sus proyectos desde ya. Así, un gobierno de unidad nacional se quedaría en discurso.

Quede quien quede, nuestro destino político se vislumbra opaco, hasta peligroso, porque están en juego decisiones fundamentales que nos pueden llevar a empeorar la grave situación en que estamos. Una se pregunta qué piensan hacer varios actores y protagonistas que tienen el poder de decidir. ¿Qué proponen el CACIF y sus allegados para resolver los problemas que genera la desigualdad, como el hambre, la mortalidad infantil, la falta de trabajo, la violencia? Y los partidos políticos, ¿cuándo van a llevar a buen término las reformas a las leyes que estamos exigiendo? ¿Qué respuesta le van a dar a las demandas de los campesinos que desde hace años se han ido postergando? Y la población, ¿vamos a seguir aguantando la imposición de formas de vida indignas, yendo en rebaño a votar por sujetos que son una burla y que matan la esperanza de un futuro que todavía podría ser mejor? La crisis no termina con elegir a un nuevo presidente. En estas condiciones, puede empeorar.