Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

El sufragio inútil

Lo que voy a ejercer y estoy a punto de hacer, lo hago no por mí sino que por los patojos que vienen atrás.

Fecha de publicación: 10-09-15
Por: José BAarnoya

Cada cuatro años, rigurosamente, se presenta el infortunio electorero cuando está cercana la fecha de nuestras amañadas elecciones en donde manda el que suelta la plata, y traga más pinol quien tiene más saliva aguardentosa. Es entonces cuando pienso en el futuro de los nietos, así como hace cuarenta años medité acerca de lo que les esperaba a los hijos.

Cuando observo con desagrado las efigies grotescas de los candidatos; cuando me cubro las diminutas orejas para no escuchar los falsos sonsonetes de los politiqueros; cuando me tapo las fosas nasales rechazando el tufo mefítico que deja el aliento, los eructos y los cuescos ofensivos de las ofertas inútiles de los aspirantes a puestos públicos, pienso angustiado en el futuro siniestro que le espera a la juventud de esta tierra.

Hurgo entonces en la gaveta de los cachivaches en busca de los documentos que todavía me identifican como ciudadano capaz de elegir y ser electo. Junto a la vieja cédula llena de manchones que dan cuenta de las veces que he ejercido el sufragio inútilmente, está la tarjeta virgen de mi Documento Personal de Identificación: junto a mi perfil de carcamal está la casi invisible huella digital y más abajo el garabato de la rúbrica; a la izquierda, los trece números que borran nombre y apellidos.

Muy de mañana del 6 de septiembre voy en busca de la mesa en donde frente a la Junta Electoral compuesta por el presidente, secretario y fiscales, legajos de papel, tinteros, plumas y papel higiénico, voy a depositar las diferentes papeletas en bolsas de plástico, aparentemente inviolables. Lo que voy a ejercer y estoy a punto de hacer, lo hago no por mí sino que por los patojos que vienen atrás. Hago una equis con un trozo de crayón, en el lugar que escogió mi conciencia. Sobo el dedo índice sobre la cabeza giratoria de un marcador, y veo como el dedo manchado mira con vergüenza a sus compañeros inmaculados.

Regreso a casa con la juventud de los nietos en el pensamiento, después de haber dejado con mi última esperanza, una equis inmensa y deforme que, abarca todas las caricaturas de los candidatos, los mismos que durante cuatro años van a engañar, defraudar y escamotear al verdadero pueblo; pensando eso sí que ese acto innoble, lo realicé por todos los patojos de esta tierra, los cuales se merecen desde hace muchos años, un futuro halagador pletórico en justicia, equidad y bienestar.