Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Edelberto Torres

Atributo sin nostalgias.

— Anabella Giracca
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Hay personas que pasan por tu vida de manera transitoria y sin dejar recuerdos; hay quienes solo se asoman por la ventana de tus ojos para parpadear y luego esfumarse por el tiempo. Conozco a pocos de esos que llegan a tus días para quedarse. Prolongan su estadía para siempre. Edelberto Torres-Rivas es justo uno: maestro que echa raíz campantemente, instala puentes, tiende hilos y bota los muros de tu conciencia.

La mesa está revuelta, se cruzan las palabras en el aire. Las huellas de las tazas dejan rastro en el mantel. Cuando el silencio repentino se apodera del momento: entra Edelberto con paso lento, particular sonrisa y el bagaje de una vida que despierta respeto singular en los presentes. No es simple lo que digo, porque provocar admiración colectiva es un fenómeno digno de contarse en estos días.

Es, sin duda, considerado el sociólogo centroamericano más sobresaliente por sus relevantes aportes al desarrollo académico e institucional de las ciencias sociales en América Latina. Investigador, profesor universitario, de intensa y comprometida labor por la institucionalización de la sociología. Su consagración está como formador de generaciones de investigadores en la región y sus contribuciones y servicios lo dibujan claramente como prominente centroamericanista.

Pero el mayor legado es la consecuencia afianzada durante su larga vida de años blasonados. Congruente y contundente. Además de su agridulce sentido del humor y un franco respeto por el mundo y las personas, dignos de una bitácora ejemplar.

Con jovialidad irrevocable, ha evolucionado siempre a favor de cultivar el pensamiento. ¡Si todo mundo quiere hablar con él! Famosos y mundanos sin que haga selección ni preferencia. Dice lo que piensa con la puerta abierta; con puntos, comas y suspensivos (arrimando paréntesis y corchetes). incansable aprendiz de novedades. Abierto a la aventura de la reflexión. Al consejo y compañía. A la permanencia voluntaria de las ideas. Al conglomerado pacífico del diálogo. A la férrea negación de toda infamia, calumnia o descalificación. Firme y sin alardes. De izquierda por convicción, maestro por afición, escritor por devoción, “vinero” por obstinación, “maltero” por placer, crítico por estrategia, conversador por vicio, ingenioso por naturaleza, comprometido por decisión, lúcido por atributo, irónico por vocación, ético infranqueable, chispudo por aptitud y gran amigo, pero eso por puro corazón.

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