Lunes 10 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Raquel Zelaya

— Jose Rubén Zamora
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En Guatemala no cabe duda que todo es posible, incluso las más grandes aberraciones. No deja de parecer insólito que Raquel Zelaya pueda convertirse en la flamante vicepresidenta de la República. Ella, quizá la mayor representante de esa tecnocracia fracasada, que desde la década de los ochenta ha asesorado, alcahueteado y colaborado servilmente a los sucesivos gobiernos militares y civiles, que han fracasado, una vez tras otra, y que progresivamente han ido hundiendo a Guatemala en una piscina rústica llena de estiércol.

Junto con las cúpulas militares de turno, esta especie peculiar de técnicos, son los únicos hilos comunicantes de la administración pública desde 1982 (cuando formó parte del Consejo de Estado del general Chusema) hasta nuestros días y, para mantener su influencia, como buenos pragmáticos pervertidos, han guardado silencio cómplice del envilecimiento, la corrupción y la impunidad galopantes a que hemos estado sometidos los guatemaltecos.

Como ministra de Finanzas de Jorge Antonio Serrano Elías, supo cohabitar con comodidad con las estructuras clandestinas de las aduanas conocidas como La Cofradía, el Grupo Salvavidas, la Red Moreno y más recientemente como La Línea.

Defensora militante hasta sus últimos estertores del impresentable régimen de Otto Pérez Molina, al extremo que hasta el último minuto trató de encontrar salvavidas para preservarlo de pie. Su hijo putativo, Miguel Ángel Balcárcel, de quien ha sido mentora, fue el autor intelectual de la estrategia para que Pérez Molina no renunciara, de su torpe discurso confrontativo y de bloquear el Congreso con el fin de que no se celebrara la sesión para retirarle el derecho de antejuicio y por lo tanto la impunidad al expresidente.

Con su tradicional imagen de mojigata ha sabido mostrar su apoyo simbólico a la CICIG, mientras que junto a los “doce apóstoles” de la impunidad firmaban un comunicado de apoyo al general Chusema, sometido a juicio por delitos de lesa humanidad, y poco después, hasta esta semana, buscaba garantizar la impunidad del #1.

Como dicen, cosas veredes amigo Sancho.

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