Lunes 18 DE Marzo DE 2019
Opinión

La banda presidencial

Es triste, lamentable, vergonzoso.

— Méndez Vides
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La caída de la banda presidencial provocó algarabía pública, jóvenes recorrieron las vías principales de la capital y centros urbanos agitando banderas patrias, hubo abrazos, besos entre desconocidos y un encendido sentimiento patrio. Tal y como ocurre en otros países cuando la selección de fútbol vence al rival o gana la copa del mundo. Adelantamos la fiesta de la independencia sin antorchas, aunque lamentablemente no estemos festejando el triunfo guerrero contra invasores extranjeros sino sobre los nuestros, porque nos estamos librando del abuso de otros guatemaltecos, de nuestros propios hermanos, y eso es triste, lamentable, vergonzoso. Hay que ser duros y claros para solventar nuestra miseria, pero no hay motivo para festejar. Deberíamos vestirnos de luto, porque hemos comprobado la podredumbre en nuestro cuerpo, y para curarnos será necesario amputar una parte.

Otros guatemaltecos, los de más alto nivel, se aprovecharon de nosotros. Nos hicieron quedar como bestias. Y ahora estamos a días de elegir a los nuevos representantes, muchos de los cuales son quizá impulsados por la misma ambición. La gran mayoría de los electores sabemos muy bien por quién no votar, pero no hay una propuesta que nos unifique positivamente. Los candidatos más ambiciosos practican triquiñuelas e ilegalidades para atraer el voto, y están dispuestos a gobernar en contra de la voluntad de la mayoría, apoyados en una porción relativa de gente comprada o interesada en seguir nutriéndose de la vaca del Estado. Mientras los pequeños, los que no tienen posibilidad, solo piensan en ellos mismos y son incapaces de unirse con los demás en una gran alianza nacional de oposición a la corrupción, sacrificándose a cambio del beneficio colectivo, para proponer a uno solo como representante. Los demás podrían integrar el consejo de ministros de la unidad. Pero para actuar así se requeriría mucho amor por la patria, desprendimiento y deseo constructivo de unificar.

Tal y como se ve el panorama, seremos observadores esta semana de la tristeza de las campañas negras, porque los ambiciosos desesperados, ante la imposibilidad de competir por la buena ofreciendo cualidades, se dedicarán a manchar la imagen de los demás. En lugar de atraer a la población, atacan como perros, porque su sueño es ganar, y exhiben los trapos sucios de los contendientes, se atacan hasta entre familiares, se manchan aunque la fortuna fácil ya no es opción. No hay que votar por quienes se atacan entre sí, y desconfiar más que nunca de los lobos que mienten. Que no nos suceda lo mismo otra vez, que la humillante caída de la banda presidencial no se repita. Debemos elegir por intuición razonable.

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