Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Pensar bien el voto: Razones económicas

Este es el momento para meditar bien el voto.

— Hugo Maul R.
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En menos de seis días se habrá disipado ya buena parte de la incertidumbre que ha acompañado a este proceso electoral. Para bien o para mal, muy probablemente solo hará falta una segunda vuelta para decidir quién ocupa la silla presidencial; todos los demás cargos de elección popular habrán sido decididos ya. La ciudadanía, por su parte, una vez liberada su atención de los incesantes, repetitivos y vacíos mensajes electorales, tendrá más tiempo para reflexionar más profundamente sobre los problemas que vive el país y la capacidad de las autoridades recién electas para lidiar con ellas. Solamente en materia fiscal hay suficientes problemas para poner en jaque a cualquier nuevo gobierno: presiones crecientes de gasto; recursos mínimos en caja para atender obligaciones inmediatas; amenazas del sindicalismo público para obtener más beneficios; recaudación a la baja; endeudamiento con organismos financieros internacionales condicionado a reformas en materia de combate a la corrupción y transparencia, y; reducida moral tributaria. A esto debe sumarse la creciente demanda popular por continuar con el combate a la corrupción, mejorar la eficiencia y efectividad del gasto público y mantener el asedio a los funcionarios corruptos del gobierno actual. Así como un creciente clima de desconfianza en las nuevas autoridades y un proceso exacerbado de expectativas negativas respecto de las acciones del nuevo gobierno.

Por si esto fuera poco, y aunque el tema no se discuta mayor cosa, el nuevo gobierno también deberá afrontar una situación en el ámbito externo cada vez más complicada. Si bien los bajos precios de los commodities impactan positivamente el país por medio de los bajos precios del petróleo y de los alimentos, estos bajos precios afectan directamente al sector exportador. A lo que debe añadirse la gradual pérdida de competitividad que experimenta la producción nacional debido a la devaluación de las principales monedas del mundo y de las monedas de varios de nuestros competidores más directos. A esto se añaden los efectos negativos sobre los salarios, el empleo y la inversión de la suspensión de los beneficios fiscales a la actividad exportadora, que entra en vigencia el próximo año y que pone en gran riesgo, entre otros, a sectores como la industria textil y de confección de vestuario.

Una situación perfecta para perder credibilidad de manera acelerada durante los primeros meses de gobierno, ya que, a diferencia de algunos de lo que ha pasado antes, esta vez el nuevo gobierno deberá dar resultados en muchos frentes al mismo tiempo. La población está en situación en la cual ya no está dispuesta a esperar y mucho menos a dar cheque en blanco a políticos tradicionales. Con todo, estos problemas no son más que un pequeño subconjunto de todos los problemas que deberá afrontar el próximo gobierno. Este es el momento para meditar bien el voto y escoger, dentro de lo que permite el menú electoral, a las personas más capaces y honradas para hacer frente a estos retos.

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