Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Quién decide la hora?

El pueblo, Baldizón o Pérez.

— Édgar Gutiérrez
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El 27 de agosto se desató una energía humana tan impetuosa que no se detendrá (antes, tomará cauces). Pero en lo inmediato, Otto Pérez no renunció ese día por las garantías de Manuel Baldizón de sostenerlo en el Congreso, aunque quién sabe si ellos podrán gobernar los tiempos que vienen. La Comisión Pesquisidora, por ejemplo, un recurso de Lider-PP montado para dilatar el antejuicio de Pérez, se les salió de control. Los cuatro diputados de la Comisión y representantes de esos dos partidos no encontraron paz social en sus casas y desde dentro, la quinta integrante, Nineth Montenegro, se encargó de azuzarlos. Inusitadamente en 48 horas tuvieron que votar.

 

Hay tres tiempos desajustados. El pueblo quiere que Pérez se vaya ya. Ese clamor de multitudes y del más amplio abanico visto arrastra tumultuosamente a instituciones y otros poderes del Estado que, en condiciones normales, jamás se pronuncian en estos temas, como la PGN, el MP y la CC. En otra velocidad está Baldizón, cuyo único cálculo es su llegada a la Presidencia y en la mejor posición posible. Tras sufrir su propio chaparrón judicial con los señalamientos del MP y la CICIG, mantiene la sartén por el mango en el Congreso con tanto diputado comprado y adherido (de 14 electos, ahora tiene 62).

 

En el cálculo de Baldizón mantener a Pérez es señal de “normalidad” para garantizar las elecciones; además, nada como tener a un rehén de tan alto rango en el Ejecutivo, por si se le ofrecen recursos o fuerzas del orden. Ahora bien, después de contabilizar 250 mil almas el día 27 en toda la República, incluyendo la “Guatemala profunda”, y el mismo día más de 12.4 millones de mensajes en las redes sociales exigiendo la renuncia de Pérez, ¿le conviene a Baldizón mantenerlo?

 

La ola popular contra Pérez puede convertirse en “tsunami” el día de las elecciones, aguándole la fiesta a Baldizón. Por eso los tiempos del antejuicio podrían alterarse. Reconocerle un triunfo merecido al pueblo antes del día 6 despertaría el espíritu festivo del elector, que saldría aunque sea a anular el voto o poner patas arriba todas las encuestas. Otro escenario es que Baldizón desconfíe y prefiera corroborar de qué se trata la elección con Pérez en la picota, y hasta escrutadas las urnas decidirá. Si gana con escaso margen, entrega a Pérez; caso contrario, vuelve a revisar el termómetro electoral antes del 25 de octubre.

 

Como se ve, el que menos domina el reloj es Pérez Molina. Aunque se resista, él solo tiene un camino: ser juzgado y condenado. Cuándo ocurrirá, lo decidirán otros.

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