Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

No confundir el vino con la botella

La seriedad inobjetable de un candidato refrendada, además, por el ex Rector Magnífico de la Universidad de San Carlos.

— Acisclo Valladares Molina
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Parecería mentira que a estas alturas no hayamos sido capaces de alcanzar el mínimo sentido común que se precisa para diferenciar al artista de sus ficticios personajes y que, así, la candidatura presidencial de un artista haya generado algunos prejuiciosos deméritos que, cuando menos, rayan en lo absurdo, llevando a confundir la botella con el vino: Al personaje y la persona.

La idoneidad, es decir, la adecuación de una persona al cargo, es algo que corresponde calificar al elector –y solo al elector– decisión soberana –pero en la que puede influir todo lo dicho sobre los méritos– sobrados o escasos –de los postulantes–, siendo por ello de tanta importancia el debate público y la labor del analista. 

Escuchar que se diga que un candidato no resulta ser un aspirante serio por tratarse de un artista y, para colmo, del género cómico, alarma por su simpleza y por la negación de las virtudes –no pocas– que necesita el ejercicio de su arte, talento, percepción, creatividad, íntima relación artista-pueblo-artista, comunicación en las dos vías. ¿Alguna semejanza con las funciones de gobierno? amén de que, en este caso, se trata de economista y empresario, refrendada su candidatura –compañero suyo de binomio– por el ex Rector Magnífico de la Universidad de San Carlos: una candidatura refrescante.

Negar, por negar, es peligroso en la tarea orientadora.

Charles Chaplin –“Sir” de la Corona– no se explica sin Charlot ni Roberto Gómez Bolaños, sin Chespirito, identificación que fue producto de su inteligencia y de su genio. Woody Allen, premio Príncipe de Asturias y Mario Moreno, Don Mario Moreno (Cantinflas) reconocido –más allá de las cámaras– por su estricta madurez y la acertada ponderación de sus juicios.

Me veo obligado a abordar este tema, el de Jimmy Morales, puesto que así como los comentaristas exigimos coherencia a quienes ejercen o pretenden manejar lo que es público, de igual manera deberíamos orientar el debate político a sus puntos esenciales siendo inaceptable que se descalifique al artista, por artista. (El colmo de los colmos fue que, por feo – obviamente no era un adonis– se objetó la idoneidad del presidente Lincoln…).

No resulta fácil establecer la relación entre el mérito personal y la habilidad para desempeñar la Presidencia de la República, condicionado su acceso por la ley tan solo a que los optantes sean guatemaltecos de origen, ciudadanos en ejercicio y mayores de cuarenta años, no sujetos a prohibiciones constitucionales (en la época en que sean postulados) y, en todo caso, a la de no reelección, que es permanente.

Capacidad, idoneidad y honradez, las evalúa el elector.

Comparto así, también –entonces– que el veredicto de las autoridades electorales tiene que sostenerse en hechos probados y establecidos, tal como lo son las penas principales y accesorias que se hayan podido imponer a una persona y que aplica a Alfonso Portillo una inhabilitación inexistente, constituye delito.

De igual forma, que es lamentable que algunos analistas insistan en “fraude de ley, referido a Sandra Torres, cuando ese punto fue debatido en la elección pasada y la Corte de Constitucionalidad lo excluyó de tajo. 

Tanto a esta como a Manuel Baldizón –segunda y primero en las encuestas– se les censura por sus largas campañas y por los programas sociales que pregonan –programas válidos para todo socialdemócrata o liberal demócrata en cualquiera de las grandes democracias– entre nosotros más concretos y apremiantes –propios de la pobreza de la Guatemala olvidada– armas políticas válidas y que solo pueden superar la educación y el desarrollo. ¿Qué han hecho sus críticos para lograrlo? ¿Estar a la teoría del rebalse? ¡Por favor!

Grave, también, el manejo inadecuado de los antejuicios como piedras de escándalo: agua derramada, que no se recoge.

Zury Ríos, convincente, se ha tenido que abrir espacio por sí misma –incluso superando la ilegalidad perpetrada en su contra y contra criterio ya expresado por la Corte de Constitucionalidad hace más de 20 años– los analistas, cómplices, callados.

José Ángel López, ignorado por estos y la prensa, demasiado preocupados de sí mismos e imbuidos de lo fácil, la destrucción y el escándalo.

Las elecciones se deben ganar o perder en las urnas electorales y –aunque imperfectas– son legítimas: “Malo este sistema, pero el mejor de los sistemas”.

Me parece importante que quienes comentamos sucesos de la vida nacional, procuremos poner las cartas sobre la mesa para que el elector, llevado por su libre convicción, sea quien decida y, si a alguien preferimos, lo digamos, situación que no tiene prohibida ningún articulista –legal ni moralmente– lo que hizo, en sus tiempos, con valor y maestría, Clemente Marroquín Rojas –Don Clemente– nombre que cito con el respeto y la admiración de siempre.

En torno a la crisis de gobierno es bueno comprender que ni la carrera militar, ni la diplomática, admiten decisiones políticas personales (Otro el proceder, razonable, en los funcionarios diplomáticos que no son de carrera) y que el canciller Carlos Raúl Morales, diplomático de carrera, el primer ministro de Relaciones Exteriores surgido de la carrera diplomática, obligado está a continuar en su cargo, comprometido con la vigencia de la Constitución Política de la República y la institucionalidad del Estado, límites estos, a la vez, de su obligación profesional y ciudadana. Ejecución de la política exterior del Estado, representación de Guatemala y defensa de los intereses de Guatemala y de los guatemaltecos en el extranjero, actividades que no pueden cesar, de atención perenne e inmediata.

¡Estamos, hoy, a 9 días de elecciones!

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com

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