Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La paradoja de Enrico Fermi

¿Qué podría significar para nosotros el descubrimiento de inteligencias extraterrestres?

— Roberto Blum
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En 1950, durante una conversación informal con otros científicos, el físico Enrico Fermi propuso el problema de la contradicción entre la estimación de una alta probabilidad de la existencia de civilizaciones extraterrestres y la completa ausencia de toda evidencia de ellas en el universo observable.

En 1961, el radio-astrónomo Frank Drake concibió una fórmula para estimar el número de probables civilizaciones extraterrestres en la galaxia. La ecuación se basa en siete factores que incluyen el número de estrellas estables con planetas en una órbita adecuada para la existencia de agua líquida, en la que se ha desarrollado vida, que ha evolucionado hasta desarrollar tecnologías y sobrevivido un cierto tiempo. Las estimaciones varían, desde solo una civilización actual –la nuestra– en la Vía Láctea, o unas 282 civilizaciones que emiten señales de radio en todo el universo, a una distancia de 2 mil millones de años luz entre cada una de ellas, hasta la enorme cifra de unas 819 mil millones de civilizaciones que han existido en los últimos 7 mil 500 millones de años.

Así, la paradoja nos plantea si, de acuerdo con la creencia popular de que no somos tan especiales, en el universo tendrían que existir numerosas civilizaciones tecnológicamente avanzadas, pero nuestras observaciones no han encontrado ni un solo rastro de ellas. Esto significaría que nuestro conocimiento es insuficiente o nuestras observaciones defectuosas o incompletas. Llegados a este momento de nuestra historia, ¿qué debemos hacer en el futuro?

El proyecto SETI –búsqueda de inteligencias extraterrestres– no ha encontrado nada todavía. Sin embargo, el 15 de agosto de 1977, a las 23:16 horas, en el radiotelescopio de la Universidad de Ohio se recibió una extraordinaria señal, que provocó que el astrónomo Jerry Ehman la calificara, con un enorme WOW, quizás como la única señal detectada de una inteligencia extraterrestre. Nunca se ha vuelto a recibir nada parecido. ¿Qué podría significar para nosotros el descubrimiento de inteligencias extraterrestres?

Recientemente, el astrofísico Stephen Hawkings planteó su temor en torno a la idea de que nos anunciemos o nos hagamos visibles en la galaxia, porque, de existir el número de civilizaciones extraterrestres que algunas estimaciones hacen, seguro que muchas de ellas estarán más avanzadas tecnológicamente y cualquier contacto podría ser perjudicial para nosotros. El temor de Hawkings se funda en la historia local de nuestro planeta. Cuando dos grupos humanos con distinto nivel tecnológico entran en contacto, el menos avanzado siempre sale perdiendo.

Aun así, el deseo insaciable de conocimiento y de aventura de nuestra especie ha hecho que el mismo Hawkings, ahora asociado con el multimillonario ruso Yuri Milner, haya iniciado el mes pasado un nuevo proyecto de búsqueda de inteligencias extraterrestres, con el nombre de “Breakthrough Listen”. El proyecto cuenta con US$100 millones. Los riesgos de ser nosotros encontrados por otras civilizaciones son altos y, sin embargo, nuestro afán exploratorio es superior. Así ha sido siempre. Hace unos 100 mil años, nuestros remotos antepasados salieron de su entorno conocido, en África, y se lanzaron a la aventura de explorar y colonizar el resto del planeta. Asumieron riesgos enormes, que dieron magníficos frutos. Hoy, nosotros, sus descendientes, llenamos el mundo entero.

Quizás nuestra verdadera misión sea explorar, colonizar y hacer que el universo entero adquiera conciencia de sí mismo; es decir, construir el punto omega; en otras palabras, construir y darle existencia a Dios: algo que el científico y místico jesuita Pierre Teilhard de Chardin vislumbrara ya en la primera mitad del siglo XX. De ser así, seremos en verdad trascendentes.

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