Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Astor Piazzolla (I)

Astor Piazzolla compuso varias piezas para orquesta de cámara y para gran orquesta.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Tuvo que ser de la mano, de mi querido tío y doble padrino, Carlos Enrique Carrera Samayoa –El Chino Carrera–, un apasionado de la guitarra española, de la música argentina y latinoamericana, pero especialmente del tango, que escuché en alguna de las tertulias sabatinas, en la pérgola de su fuente cantarina, de la casona de la zona 13, por primera vez algo de la música de Astor Piazzolla, el revolucionario músico argentino. Escuché Balada para un loco, interpretada por Amelita Baltar y acompañada por la música de Piazzolla y los versos de Horacio Ferrer. Al poco tiempo, mi tío abuelo, José Luis Samayoa Rubio, de regreso de Buenos Aires, nos invitó a escuchar en su casa la opereta María de Buenos Aires, que trajo en discos LP de 33 revoluciones. Otra de las hermosas creaciones de ese trío formidable. Todo ello, debió ocurrir a fines de los sesentas o comienzos de los setentas, del siglo pasado. Ya en las tertulias familiares y con amigos se discutía si esa música era tango.

Del disco CD Love Tanguedia, de 1984, de una traducción libre del inglés al castellano, del autor, se lee: “Astor Piazzolla nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921. Vivió en Nueva York, con su padre de 1924 a 1937. De su progenitor, recibió como regalo su primer bandoneón en 1930. Más tarde, Piazzolla conoció a Carlos Gardel, quien le pidiera que grabara la mayoría de las canciones de su película El día que me quieras”. Como se sabe los Piazzolla eran dos hermanos emigrantes italianos –cuando el éxodo de emigrantes ocurría en Europa, limpiando de mano de obra libre y excedente al viejo continente– que buscaron nuevos horizontes en Nueva York, Estados Unidos de América, uno y el otro, Vicente, padre de Astor en Mar del Plata, República Argentina. Acordaron, que quien lograse colocarse mejor en esta aventura de ultramar, traería al hermano y su familia a vivir con ellos. Fue por ello, que los Piazzolla de la Argentina fueron hacia Nueva York a trabajar en la pizzería del tío. Fue en esa ciudad, en donde Astor tendría la oportunidad de tener a su primer maestro de música y de conocer al Zorzal Criollo, como también fuera conocido Gardel, quien por cierto invitó a Astor, todavía un adolescente, a acompañarlo en la gira en la que finalmente, el cantor bonaerense perdió la vida. Todo ello sucedió en el aeropuerto de la ciudad de Medellín, Colombia, en 1935. “Piazzolla retornó a Mar del Plata en 1937, pero se estableció en Buenos Aires, en donde tocó en la orquesta de Aníbal Troilo”, el famoso Pichuco. Para entonces, “Astor también hacía la mayoría de los arreglos musicales. En 1940, estudió con Alberto Ginastera, y en 1946 formó su propia orquesta, tocando música clásica. Astor Piazzolla compuso varias piezas para orquesta de cámara y para gran orquesta”. En efecto, fue a sugerencia de Arthur Rubinstein, quien había huido de Europa por la II Guerra Mundial, que tomó clases con Ginastera, después de que Astor interrumpiera el almuerzo del maestro Rubinstein que por entonces vivía en Buenos Aires. Astor Piazzolla dejó su orquesta en 1950, para dedicarse a la composición. Dos años después, en los Estados Unidos de América, le fue conferido el segundo premio de composición de Empire Tractor Company por su Porteña Rhapsody. En 1953, ganó el premio Fabien Sevitzky por su sinfonía Buenos Aires. Fue también premiado por los críticos de música de Buenos Aires por su Sinfonietta. El mismo año, bajo la dirección de Hermann Scherchen, estudió dirección de orquesta.

Continuará…

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