Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

El juez Gálvez rescata la justicia

La rectitud en sus decisiones, deja a los defensores del caso, como auténticos charlatanes.

Fecha de publicación: 28-08-15
Por: Silvia Tejeda

Señor juez Miguel Ángel Gálvez: El trabajo imparcial y justo que hace como juez B de Mayor Riesgo, en el juicio que se sigue a Roxana Baldetti Elías rescata la dignidad de su gremio y, al mismo tiempo, indica a los guatemaltecos que usted es un hombre de carácter que honra su profesión y conoce las interioridades de la “justicia guatemalteca” cuajada de componendas y constitucionalidades, a medias, a las que no se pliega. Reciba la admiración y el apoyo de quienes todavía creemos que, como usted, existen otros jueces honestos y capaces de responder en los momentos más cruciales de la historia de este territorio, para no permitir la entrega total de nuestro país a las manos de esbirros, mentirosos y vendepatrias que nos tienen secuestrados, armados de sus tretas de falsedad, engaño y corrupción.

Tan conocido en el medio de la corruptela es su historial de trabajo, que cuando se postuló en el 2014, ante la comisión encargada de elegir candidatos para magistrados de salas de Apelaciones, ni siquiera lo incluyeron en la lista. Naturalmente, supongo que porque saben que su veraz apego a la Ley, a la hora de otorgar favoritismos para políticos, funcionarios de turno y narcomilitares no va a ceder. Menos, se prestaría ante la imposición gremial de accionar influjos y dispensas en sentencias, para hijos y parientes de otros jueces y magistrados, como suele suceder en ese medio.

La rectitud en sus decisiones, en el caso Baldetti, explicadas y ampliamente apegadas a la ley, deja a los defensores del caso, como auténticos charlatanes, acostumbrados a gritar sus desacuerdos, orquestar pantomimas sostenidas en mentiras y burdas coartadas cuando hacen estruendos defendiendo lo obviamente delictivo, lo indefendible. Como lo es: Negar que la señora Baldetti Elías no robó ni presionó a nadie para recibir su parte por los réditos de los pícaros desfalcos en aduanas, puertos y aeropuertos. Deslindarla, como se pretende, del sucio trabajo de su secretario personal, Juan Carlos Monzón, a quien ella misma protegió y lo sacó de Guatemala bajo su ropaje de poderosa, al saber que la justicia lo perseguiría. Son pruebas las aportadas en el juicio, no argumentos; y millones de quetzales los defraudados que no entraron al erario nacional, pero que sí se manifiestan en la vida que la funcionaria llevaba, descaradamente afirmando que todo era adquirido con su salario y sus negocios en salones de belleza. No se pueden esconder las propiedades que compraba y las carantoñas que hacía a Pérez Molina colaborando en regalitos comprados en millones de dólares.

Que quede claro a sus defensores y séquito de adoradores, si es que ahora le quedan, el pueblo no clama venganza, lo que clamamos, exigimos y hasta rogamos es: Justicia, Pronta y Clara, para ella, su pareja en el mando y todas las redes de funcionarios, empleados y empresarios, que se burlan de Guatemala, nuestro noble y crédulo país. Con prepotencia hablaban de combatir la corrupción, mientras se embolsaban los millones de millones de dólares y quetzales, con la más cínica de las sornas. Ofende a los guatemaltecos su desvergüenza de cómo juró hasta “por su madre” y prometió por sus hijos fingiendo ser una persona honrada. Ella y sus protegidos en todos los puestos propicios para robar sin mayores huellas, resultaron ser una banda de embaucadores, estafadores, respaldados en la suavidad con que otros jueces los disculpan, los encubren y hasta los protegen.

Cuando dé su veredicto puede tomar en cuenta a las víctimas inocentes –no contables– del engaño: Niños que murieron de abandono, pacientes olvidados a su suerte en los hospitales, niños que no tienen escuelas para educarse y por todos, nosotros, los depredados y engañados, que la Justicia y la Equidad lo inspiren. La historia del país resaltará su nombre.