Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Fin (“the end”)

Árbol en el aire.

— Anabella Giracca
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Sobran ejemplos en la historia de la humanidad sobre ineludibles caídas de imperios; sobre lo inexorable. Sobre la absurda negación de lo innegable. Esto hace recordar la célebre frase de Madame Pompidou, amante de Luis XV, cuando ve inevitable la revolución francesa: “después de nosotros, el diluvio”. Sin duda que, durante su reciente mensaje, el presidente asumió la actitud lógica del “fin de régimen”. Con frontal agresividad y falta de racionalidad, insinuando que “después de mí, no hay nada”.

Luego de tan desafortunadas palabras, el gobierno está en shock. Prácticamente sin ministros. Sin atención, sin planes ni estrategia. Un mensaje a todas luces ajeno a las terribles circunstancias que mantienen esta maquinaria oxidada, este cascarón vacío, árbol en el aire, este final inapelable.

Pero el colmo de los colmos, la gota que rebalsa el vaso, el deslave del cinismo brutal arremete cuando el “presidente” pide apoyo a la “Guatemala profunda” que, según él, ha estado en el centro de su atención. Se olvida la realidad. Se desdibuja el cuadro que, sin duda, en esa profundidad nacional, la gente tiene muy claro, dibujado con su penuria cotidiana. ¿Amnesia voluntaria?; ¿Y su historia durante el conflicto armado?; ¿y la masacre de Alaska?; ¿y los desalojos abruptos y sin misericordia?; ¿y los enfrentamientos en La Puya, por poner tan solo unos ejemplos?; ¿y las licencias otorgadas a transnacionales para devastar territorios sin escuchar consultas?; ¿y los retrocesos significativos en educación, como cobertura y ausencia de materiales, refacción o transferencias de gratuidad?; ¿y los líderes comunitarios encarcelados?; ¿y las condiciones terroríficas en los hospitales?; ¿y los millones de personas que quedaron sin vacunas?; ¿y el hambre desatendida de infinidad de niños?; ¿y la sequía ignorada?; ¿y los jóvenes sin proyectos educativos?; ¿y los chascos de carreteras y proyectos inconclusos o fantasmas? ¡No Señor! Seguir burlándose y abusando de la pobreza, de la diversidad, es una postura desvergonzada y desafortunada. Hoy usted representa nada más y nada menos que el gobierno de la desunión, de la ruptura sin precedentes. No se engañe: no existen entidades indígenas o campesinas que lo apoyen libremente.

Guatemala merece mejor suerte, señor Otto Pérez Molina. No merece pagar las consecuencias de delirios incontrolados de quienes insisten en arrastrarla a su naufragio. ¡Renuncie! Porque después de diluvio, el renacimiento.

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