Martes 11 DE Diciembre DE 2018
Opinión

No rotundo a cualquier “Gobierno – inconstitucional – Provisorio” (I parte)

Las reglas del juego están establecidas y el poder puede alcanzarse ¡Claro está! pero por un único camino, el camino de la ley.

— Acisclo Valladares Molina
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Se encuentran absolutamente errados aquellos que hablan de un posible “gobierno de transición” que se instalaría desde ahora hasta el 14 de enero, fecha en la que entregaría el mando al binomio que resulte electo en las elecciones del 6 de septiembre o, en su caso, del 25 de octubre: un gobierno “de transición” que haría las reformas que se creen necesarias para poner en orden el Estado y que afectan, fundamentalmente, tal su criterio, a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, incluyendo otras leyes.

La versión light de este golpe de Estado (se trata, en efecto, de un golpe de Estado) es que “renuncie” el Presidente de la República y, contando con ello, que asuma el actual Vicepresidente quien propondría una terna al Congreso para que elija a su segundo.

Esta versión light (hasta este momento no se habría producido el golpe) tropieza con un obstáculo insalvable ya que el Presidente –lejos de renunciar– se propone la conclusión de su mandato, tal y como corresponde, el próximo 14 de enero de 2016, ni un día antes, ni uno después.

Sin embargo, demos como posible el escenario, es decir, que se produjera la renuncia o bien, su separación del poder, y que se organizara el gobierno, como la ley lo manda –hasta aquí– todo es jurídico pero, a partir de entonces, tal la propuesta, comienza el rompimiento del orden constitucional –el golpe de Estado– puesto que se pretende que el “gobierno provisorio” realice cambios en el orden jurídico que –constitucionalmente– tiene que hacerlos al Congreso e incluso, en algunos casos, como el de las leyes constitucionales, con el dictamen previo favorable de la Corte de Constitucionalidad, por no decir los que implican reformas de la propia Constitución Política de la República como lo es, por ejemplo, prohibir –o limitar– la reelección de los diputados y alcaldes.

Imposible, pues, que fructifique el planteamiento light, salvo renuncia o separación del Presidente pero, en todo caso, es inconstitucional, ya que es al Congreso de la República –y no a un “gobierno de transición”– a quien le corresponde la reforma de las leyes. ¿Dónde, en el Congreso de la República, los 106 votos para que estas, las leyes constitucionales, se reformen? ¿Obligar a los diputados? ¿A punta de pistola o de plomazos de “clamor”? ¿Prescindir del Congreso?

El otro planteamiento, el del golpe de Estado heavy weight –peso completo– no se anda por las ramas y va –directo– al rompimiento del orden constitucional: El establecimiento de un “gobierno de transición” que dure un año (Esto excluiría al actual vicepresidente Maldonado Aguirre puesto que bien sabido es que no se prestaría a tal usurpación) gobierno provisorio que además de hacer lo que haría el gobierno provisorio del planteamiento light, contaría con el concurso de los Magistrados que integran el Tribunal Supremo Electoral quienes serían algo así como la punta de lanza de ese golpe “revocando”, por sí y ante sí, la convocatoria a elecciones y postergándolas un año, período en el cual se harían las reformas necesarias para que puedan celebrarse bajo un orden reformado.

¿Quién haría las reformas? ¿Quién convocaría a las nuevas elecciones? ¿Cuándo? ¿Quién legislaría en todo ese momento “provisorio”? ¿Quiénes integrarían los tribunales de Justicia? ¿Quién o quiénes aprobarían el Presupuesto del Estado? ¿Los mismos? ¿Otros?

¿Acaso, a la mejor usanza golpista de todos los tiempos se haría necesario un Estatuto Fundamental de Gobierno? ¿El Estatuto del Gobierno Provisorio, “Santulón” y “Democrático? ¡Por favor!

¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre y reconocer que lo que ambos planteamientos proponen es actuar por encima del orden constitucional establecido, es decir –ni más, ni menos– que un golpe de Estado?

Lo más simpático o patético de ambos planteamientos es que se asemejan al golpe de Estado –no autogolpe ¡Vaya absurdo denominarlo así!– que diera el presidente Jorge Serrano a través de una ocurrencia semejante, la emisión de un acuerdo gubernativo –ni siquiera en Consejo de Ministros (Mario Solórzano y otros Ministros no lo hubieran avalado) sino que con el solo referendo del Ministro de Gobernación, jugando, así, a un golpe de Estado– pero no que se diga –hermosa expresión de doña Elodia de por allá, por Quesada– es decir, “con ropaje jurídico”: Un golpe de Estado –“pero no que se diga”– con camuflaje y disfrazado. 

¿Por qué, en vez de semejantes despropósitos no se preocuparon, a tiempo –quienes ahora buscan el poder– por ganar las elecciones?

(Continuará en la columna del próximo martes).

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com

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