Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

Esto es un terremoto político

Epicentro en CICIG/MP.

Fecha de publicación: 20-08-15
Por: Edgar Gutiérrez

Los observadores externos son ahora optimistas sobre Guatemala, mucho más que los guatemaltecos, que nos sentimos frustrados e impotentes. Ellos nos ven en una perspectiva comparada: saben que el país se deterioró como ningún otro en el hemisferio durante los últimos cinco años, y que las cosas comienzan a cambiar, a pesar de la necedad y torpeza del statu quo político, que controla, contra viento y marea, las manijas del poder. Los observadores dicen, por ejemplo, que hace apenas cuatro meses era inimaginable que el MP y la CICIG emprendieran una cruzada tan decidida contra las mafias y la corrupción, hasta trastocar la cima del poder estatal.

 

Era impensable que los magistrados de la CSJ –los más cuestionados en 30 años por su fuente espuria de poder, basada en la discrecionalidad del PP y Lider– tramitaran antejuicios contra Baldetti, ministros y secretarios de Estado, diputados y candidatos a altos cargos de la República. Era improbable que los directivos de la SAT y el IGSS estuviesen procesados y en prisión. (Son más de 60 los funcionarios y políticos procesados.) O que cabecillas intocables de los poderes ocultos, como Luis Mendizábal, caso “La Línea” y “La Oficinita” en el periodo de Arzú –quien hasta el año pasado exhibía una carta de Castresana que agradecía su “invaluable” guía en el caso Rosenberg en 2009– estuviesen ahora prófugos.

 

No estamos en una revolución, pero sí en un terremoto político con epicentro inédito en la justicia soberana. La diferencia entre revolución y terremoto es la independencia de la voluntad que sacude el paisaje. CICIG y MP son fuerza ciega ante calendarios electorales y relaciones de fuerza política. Cuando un caso penal está en su punto –como el pan en el horno– sale: ni crudo ni quemado. Los agentes de la revolución no son fiscales ni jueces, son políticos, muchos de ellos ciudadanos que han aprendido en estos 120 días el ejercicio de la política. Y la revolución (el cambio acelerado del statu quo político) está topada, en un callejón sin salida. Los partidos mayoritarios en el Congreso y el propio Pérez Molina la atrancaron. Se valen de las llaves del poder y de que la ciudadanía ha sido demasiado respetuosa de las formas y los procedimientos. No ha roto un solo plato.

 

Las revoluciones no ocurren por hambre, sino por desfachatez y cinismo. Los políticos están cultivándola. Detrás de la mampara de la legalidad que ellos horadan, y con el 6 de septiembre como fecha de cementerio, se protegen entre sí y se burlan de la gente. Lo que ocurra de ahora en adelante es responsabilidad de ellos. La gente es paciente, quiere trabajar y salir adelante, pero la frustración es mala consejera. Más temprano que tarde los cambios ocurrirán. Hay que trabajar para que sean en paz y ordenados, a pesar del statu quo político.