Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La necedad de las reformas y otras necedades (II parte)

Nada nos ha hecho tanto daño, como el atropello de las leyes.

— Acisclo Valladares Molina
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Además de distraer la atención del elector se ha distorsionado la adecuada percepción de la oferta electoral, estigmatizándose a los candidatos y arrastrando a las instituciones auxiliares de la Administración de Justicia –MP-CICIG– a calenturas políticas que no les corresponden, embebidas en la alucinación de lo mediático –titulares de prensa, televisión y fotos– en vez de dedicarse a lo que deben: la atención de sus casos.

 

¿Cuánto dinero dejaron de pagar los evasores de impuestos? ¿Dónde se encuentra ese dinero? ¿Se ha recuperado todo? ¿Algo al menos?

 

Menos declaraciones –mi consejo– y más acción puesto que las grandes expectativas –si no se convierten en grandes resultados– devienen en grandes frustraciones, elocuente, al respecto, la frase de Sir Francis Drake: “Todo gran cometido debe tener un principio pero es en la continuidad hasta el final, hasta que se ha acabado totalmente, que está la verdadera gloria”.

 

Dejen, pues estas instituciones de hacer política, que no es la función que les compete –Tribunal Supremo Electoral incluido– y, el amigo diplomático de meterse –con merma de su prestigio– en asuntos que no son los que domina: ninguna prisa puede haber por aprobar reformas inconstitucionales y mediocres y –por si fuera poco– inaplicables en estas elecciones, elecciones serán celebradas el 6 de septiembre ¡faltan 19 días! ni un día antes, ni uno después.

 

Manuel Baldizón y Sandra Torres están a la cabeza y merecen estarlo: se preocuparon por organizarse con la anticipación debida y recorrieron –uno a uno– los caminos.

 

La suerte aún no se encuentra echada, Zury Ríos avanza, pero, cuando lo esté, son muchas las lecturas que habrán de hacerse del resultado electoral. ¿Un incremento significativo del voto nulo? ¿Divorcio entre lo urbano y lo rural? ¿Entre la Guatemala tradicional y la emergente?

 

Consenso no significa que todos consigan lo que quieren sino simplemente aquello con lo que pueden convivir y es por eso que la democracia se sustenta en negociaciones y pactos, hasta alcanzarlo.

 

Quien no lo haya comprendido, no comprende lo que es la democracia: el menos malo –la frase es de Churchill– entre todos los sistemas políticos; buen momento para recordar que existen monarquías –las constitucionales– que son bastante más “republicanas” que muchísimas repúblicas, categórica evidencia de que el concepto de república –por sí solo– poco o nada significa.

 

¿Qué es lo que se nos quiere proponer? ¿Qué sean cuatro “iluminados” los que decidan por nosotros?

 

¿Despotismo ilustrado o, peor aún, sin ilustración alguna, salvo la presuntuosa pretensión?

 

El elector es libre de escoger y no existe nada clientelar en que escoja los proyectos que –en su concepto– más le beneficien –tal el caso de los programas de transferencias condicionadas o del adulto mayor–, en todo caso tan clientelar un voto por estos programas como, en las grandes democracias, el de cualquier social demócrata por la excelencia de la educación pública o de los servicios de salud.

 

El elector –guardadas las distancias– todo elector, vota por aquello que cree convenirle y el hecho que valore más su voto y que relacione que lo inmediato podría ser tan solo un espejismo, tan solo será posible cuando –superadas las necesidades apremiantes– rotas las cadenas que lo atan a la enfermedad, la ignorancia y la miseria –tuviera el elector la capacidad (el estómago en paz) de discernirlo. ¿Es tan difícil de comprenderlo?

 

Lucha en contra de la corrupción ¡Qué duda cabe! pero con la ley en la mano puesto que esa lucha no conduce a nada si se atropellan las leyes: el origen del problema, el germen de la corrupción y de la descomposición del Estado.

 

¿El mayor de los esfuerzos? Cumplir la ley y comprendernos.

 

Y, precisamente, para que podamos comprendernos, tiene que resolver la Corte de Constitucionalidad –simpaticemos con el o no– un importantísimo pendiente: la restitución al expresidente Alfonso Portillo de su derecho constitucional de ser electo, derecho que le fuera arrebatado por la autoridad electoral sin citarlo, oírlo y vencerlo en juicio –inexistente inhabilitación alguna en contra suya.

 

La aplicación del Artículo 113 de la Constitución sin posibilidad de defensa alguna ¿Quién entre nosotros para catar la pureza? podría llegar a convertirse en las delicias de cualquier dictador: decidir quién participa y quién no y ¡Claro está! en el palo en que serán ahorcados quienes hoy lo sembraron. Amén.

 

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com

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