Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Perfeccionando la cleptocracia

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Década y media después del retorno del populismo radical a Latinoamérica, materializado en las distintas variedades del Socialismo del Siglo XXI, ha quedado claro que más que un tinte ideológico, la característica común de este tipo de movimientos es el saqueo sistemático y abusivo de los recursos del Estado. Aunque no hace falta mayor explicación del significado de la cleptocracia, sobre todo en un país en donde somos testigos de ella todos los días, nada se pierde refinando la conceptualización que todos tenemos de tan terrible mal. Sobre todo, de cara a unas elecciones generales en donde los partidos tradicionales con más posibilidades de llegar al poder abanderan este tipo de ideas. Como bien la define el escritor cubano Iván de la Nuez, la cleptocracia, no es la suma de muchos delitos puntuales sino un gran sistema de corrupción, “una ingeniería” que no solo articula el robo al Estado, sino que también refleja a un Estado que roba.

 

Estado corruptor y Estado corrompido: únicos fines del populismo. Tal y como ha quedado demostrado con las acciones del partido oficial y del principal partido de oposición en torno a las reformas que se discutían en el Congreso, en especial la negativa a retirar la inmunidad a Otto Pérez Molina; la manipulación para impedir las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos y la abierta amenaza contra la independencia del Ministerio Público y la continuidad de la CICIG.

 

Bastó con una sola sesión del Congreso para dejar claros los principios básicos de operación del populismo guatemalteco: proteger a los corruptos; manipular las reglas del juego a favor de quienes tienen el poder, y; anular cualquier amenaza de persecución política, judicial o ciudadana sobre quienes ejercen el poder. Lo acaecido el pasado jueves tan solo es un eslabón más de una larga cadena de acciones que vienen ejecutándose desde hace mucho tiempo atrás para lograr el control total del Congreso, Corte Suprema de Justicia, Corte de Constitucionalidad, Tribunal Supremo Electoral, Ministerio Público, Contraloría General de Cuentas, Procuraduría de los Derechos Humanos, Universidad de San Carlos, Banco Central, Superintendencia de Bancos, etcétera. El único eslabón que hace falta se decidirá el próximo 6 de septiembre: la elección de un líder que conozca y que escuche a Guatemala.

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