Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La mediocridad de las élites

“La mediocridad de las élites es la causa de la mediocridad de los países”, R. Reagan.

— Danilo Parrinello
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Si aceptamos como válida la frase del presidente estadounidense Ronald Reagan, creo que como país estamos aliviados y con el dolor. En español, mediocre es algo de calidad media, de poco mérito, tirando a malo. El escritor, ítalo-argentino José Ingenieros en su libro El hombre mediocre, dice que “no hay hombres iguales” y señala que en el mundo hay tres tipos de hombres: “El hombre inferior, el hombre mediocre y el hombre superior”.

 

Para Ingenieros el mediocre es incapaz de usar su imaginación, de tal suerte que no puede concebir ideales que le planteen un futuro por el cual vale la pena luchar, es sumiso a la rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se convierte en borrego (parte de un rebaño) o en hormiga (parte del hormiguero), cuyas acciones no cuestiona sino que las sigue ciegamente. El mediocre es ignorante, dócil, maleable, carente de personalidad, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias, es acomodaticio. En su vida se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni santos ni héroes. El mediocre sigue lo que le enseñaron y por envidia termina luchando contra los idealistas, trabaja para que el idealista no sea reconocido.

 

En otra oportunidad escribiré del “Hombre inferior” y de “El superior”. Hoy sigamos con Ronald Reagan que nos dice que la mediocridad de las élites sociales, políticas y económicas, son la causa de la mediocridad de los países. En ese orden un presidente mediocre, al no usar su imaginación, no persigue quimeras para cambiar el pasado y el presente, para tener un mejor futuro. No ayuda a la evolución social, no puede ser individualista, el mediocre se somete a los dogmas religiosos, morales y sociales. Un diputado mediocre no es culto, no tiene una personalidad diferente ni es generoso. El político mediocre no distingue entre lo mejor y lo peor; él solo piensa en el más y el menos. El mediocre renuncia a pensar. Eso es terrible, porque si son mediocres los miembros de las élites de un país llevan al Estado hacia la mediocridad.

 

Hoy en pleno proceso electoral podemos ver cómo los candidatos a diputados son unos mediocres, y si no todos si la gran mayoría. Esa “élite” política es mediocre y va convirtiendo a la sociedad en mediocre. En la ignorancia de los candidatos a diputados, vemos plasmada la mediocridad, de la que algunos hacen gala.

 

Pero además de ignorantes son corruptos y faltos de compromiso con su Patria. He dicho los candidatos a diputados, pero sucede lo mismo con los candidatos a alcaldes. En la capital es tan evidente, que el alcalde Álvaro Arzú no ha gastado un centavo en propaganda, y me atrevo a decir que arrasará en las elecciones porque sus rivales, son mediocres.

 

Y para que no se sientan discriminados tengo que decir que igual sucede con los candidatos a Presidente que son mediocres, si no todos si una gran mayoría. Y qué sucederá si gana un mediocre las elecciones, pues Guatemala será un país mediocre y eso no lo merecemos. ¡Cuidado con los mediocres!

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