Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Esperanzas recuperadas

De manera pacífica, la gente exige que Otto Pérez renuncie y deje de usurpar el cargo de presidente.

— Anamaría Cofiño K.
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Quiero creer que lo que estamos viviendo en las calles del país es el feliz retorno del deseo de construir una Guatemala diferente. Siento entre la gente una disposición de entrarle a participar en algo común, en algo compartido: un proyecto que nos saque del atolladero en el que está sumida Guatemala desde hace demasiado tiempo. Esto lo digo inspirada en lo que expresan jóvenes y personas mayores conscientes, involucradas en distintos movimientos que están planteando transformar nuestra sociedad desde sus mismas estructuras.

 

Es evidente que reformas cosméticas de las leyes no constituyen cambios de fondo, porque si no hay voluntad política, estas se ignoran, manipulan o simplemente se violan, como ha sucedido con la Ley Contra el Femicidio y otras. Si personas inescrupulosas y corruptas como los actuales funcionarios tienen el poder que el sistema de representación les otorga, las mejoras se pierden y los beneficios quedan en pocas manos. No podemos creernos el cuento de que la institucionalidad republicana que tenemos sea el fundamento para la democracia que requerimos. ¿Por qué? –Porque este modelo fue diseñado en función de la propiedad como elemento central en torno al que gira todo el sistema. Y la propiedad solo para unos es el empobrecimiento de muchos. Porque tener nos conduce a acaparar y no compartir. Y porque dejamos de ser, nos enajenamos para convertirnos en consumidores destructores.

 

Guatemala es ejemplo claro de un país mal avenido: las desigualdades históricamente sostenidas por la fuerza nos han llevado a vivir en vilo, sin garantías de nada, en una serie de confrontaciones debidas en buena medida al racismo que atraviesa todos los espacios de la vida. Nuestra cotidianidad está marcada por ese insano prejuicio que nos hace creer en la superioridad innata del grupo minoritario que se enorgullece de su origen europeo. Ese pensamiento discriminador alimenta el odio, impide el encuentro y al final, nos lleva a convivir distanciados, con temor y desconfianza.

 

No obstante, y aunque las esperanzas fueron rotas por una perversa ideología anticomunista sobre las que se elaboró políticas y estrategias que se materializaron en la persecución y el asesinato de quienes osaran pensar en la democracia, hoy vuelven a florecer los sueños postergados. La semilla no fue exterminada, en el corazón de las personas quedó la aspiración a una vida digna. Y eso es lo que hoy nos mueve a exigir lo que por derecho nos corresponde. Es insuficiente la renuncia de este personaje nefasto que ocupa la Presidencia y sus secuaces, hace falta desechar este sistema que nos ha provocado tanto dolor.

 

Guatemala es un lugar con muchas riquezas y potencias que han sido desaprovechadas. Si nos organizamos de forma que las mayorías gocen de bienestar, si al final los derechos se ejercen con libertad, es seguro que recuperaremos la esperanza y vivamos en armonía. Eso es lo que sí nos toca.

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