Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Seguimos la fiesta en el Titanic?

Sociedades que se suicidan por un dogma.

Fecha de publicación: 13-08-15
Por: Edgar Gutiérrez

La crisis política camina sola, tiene su propio tanque de combustible, que no es pequeño. Es también una crisis jurídica, a la que se le añade la bomba fiscal que no tardará en explotar. Son tres crisis en una que, a la vez, son una sola. Su origen está en el sistema político y electoral que desbordó notablemente al campo de la corrupción, la asociación ilícita y el lavado, contaminando varias actividades de la economía, e inevitablemente tenía que infectar las finanzas públicas.

 

La justicia opera independiente, por primera vez, gracias al MP/CICIG y su efecto es de un correctivo aleccionador. Libera las cloacas, y ayuda a depurar. Pero el sistema judicial está saturado, mientras la realidad presenta situaciones no previstas en la ley. Hay demasiados expedientes en las Cortes que dejan al desnudo a quienes aspiran a gobernarnos cuatro años más.

 

Los carros electorales corren con llantas paches. Los candidatos encartados no pueden ser eliminados de la competencia electoral, pues hasta que haya sentencia condenatoria firme no pierden sus derechos. No es retórica, son indicios judiciales sustentados: elegiremos quién sabe a cuántos delincuentes. Estoicos que somos, nos alentamos a seguir con elecciones puntuales en el calendario. Hay sociedades que se suicidan por un dogma, y suelen ser las de doble moral.

 

No quedan políticos en nuestro medio para imaginar soluciones políticas, que es lo que la emergencia demanda. Los abogados tienen indefectiblemente la fórmula para ir al precipicio. Bien dice un amigo, muchos de nuestros letrados entienden su profesión como el acto de sacarse de la cabeza el sentido común y colocar en su lugar un cajón de códigos que recitan literalmente.

 

Estamos en un embudo y el sistema político se sostiene con alfileres. Han estado fuera del debate público profuso el recurso que llegó a la CC en contra de los 158 diputados de esta legislatura que nunca aprobó ni improbó la liquidación del presupuesto público anual, como lo ordena el Artículo 214 de la Constitución. ¿Qué decir de los extensos estados de calamidad que declaró el Presidente en consejo de ministros? Nunca el Congreso los ratificó, modificó o improbó, como manda el 138 constitucional.

 

Entre tanto, qué hará el TSE con la aplicación del 113 de la Constitución a no menos de 50 candidatos que ya tienen credenciales. Y qué puede hacer si Lider no paga la multa por sobrepasar el techo de gasto de campaña e ignora la orden de parar su publicidad. El Tribunal casi nada puede hacer. Y qué decir de los más de 80 municipios –cuyo icono es el candidato a alcalde de Ipala, “don” Tres Quiebres– donde hay planilla única para elegir corporación municipal. Nadie se atreve a competir con los señores de la droga. Así las cosas ¿qué haremos? ¿Seguir la fiesta en el Titanic?