Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Igualdad justa

No basta con indignarse ante una injusticia.

— Anabella Giracca
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Si no sabemos aplicar con propiedad la riqueza de las palabras, nos puede conducir a derroteros indeseables. Creer que hablar de igualdad es solo para referirse a la “igualdad ante la ley”, es precisamente uno de esos derroteros, ya que la igualdad es y debe ser también referida a la que equipara oportunidades.

 

Para ello, es imprescindible recurrir al pensamiento clásico. Aristóteles escribió en Política que la justicia consiste en igualdad. Pero para que la igualdad sea justa, ha de consistir en “igualdad para los iguales, y desigualdad para los desiguales”.

 

¿Por qué cuesta tanto entender o aceptar esto? Quizás porque sea la más compleja de las justicias a perseguir. Aquella que busca enderezar o compensar lo que el propio ser humano ha afectado con su quehacer egoísta. La igualdad ante la ley, llamada también “igualdad formal”, es un principio muy útil en todo Estado de Derecho, pero es apenas el punto de partida en el cual el orden que se pretende establecer es para todos. Nos debe conducir, como regla básica social, a la justicia de trato. A establecer cuándo es justo compensar con acciones lo que se ha negado históricamente a gran parte de la población. Ya no basta con indignarse ante una injusticia por la falta de igualdad de trato. Hay que ejercer la razón.

 

¿Cómo? La jurisprudencia nacional e internacional reconoce tres elementos para aplicar acciones compensatorias (“afirmativas”): la razonabilidad, la objetividad y la pro-porcionalidad.

 

Razonabilidad es lo contrario a un arrebato; objetividad es lo desapasionado, desinteresado, que se pueda medir, constatar; proporcionalidad es el punto medio, la virtud de saber la justa medida de lo que se debe hacer, basado en la razonabilidad y objetividad. Y si todo lo anterior es alcanzado, la medida podría ser temporal.

 

Basta con ver el reflejo de los partidos políticos. ¿Cuántas mujeres hay en cargos de poder por cada hombre? ¿Cuántos indígenas? Si las respuestas nos dicen “inequidad”, entonces, ¿cómo no apoyar la propuesta de paridad como parte de las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos? (fatalmente manoseadas y estancadas por congresistas, pese al reclamo del pueblo).

 

La democracia es más que el sistema político y jurídico. Es una cultura, un comportamiento. Si añoramos renovarla en esta época tan turbulenta, que se contemple el pluralismo. Sin temor. En tiempos de crisis, soluciones profundas capaces de cambiar los cimientos. Aunque tiemble.

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