Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

“No solo de elecciones vive la democracia”

Las próximas elecciones se presentan más como una amenaza.

— Manfredo Marroquín
Más noticias que te pueden interesar

Así tituló su último artículo el excanciller argentino Dante Caputo, en el que hace un balance crítico del rumbo que está tomando el proceso político en su país y que coincide con la realidad que muchos países latinoamericanos están experimentando con grupos políticos en el poder, que utilizando los métodos democráticos para alcanzar el mismo, ya en el ejercicio de la gestión pública se valen de prácticas y procedimientos que nos alejan cada vez más del anhelado modelo democrático de gobierno.

 

En Guatemala, las elecciones periódicas y libres de fraude no han sido suficientes para darle gobernabilidad al régimen que sucumbe día a día ante los abusos de poder, la corrupción organizada desde lo más alto de los gobiernos, la impunidad, la exclusión de amplias mayorías de las más mínimas oportunidades de desarrollo, la violencia social generalizada y últimamente la captura e inmovilización institucional de todos los organismos de control y sanción sometidos al poder corruptor que detenta el poder dentro y fuera del Estado.

 

Así como el ser humano no vive solo de pan, la democracia es un sistema que no se alimenta únicamente de elecciones, requiere de un Estado de Derecho, balance de poderes, rendición de cuentas, debate programático, probidad en el ejercicio de la administración pública, libertad plena para el ejercicio de derechos humanos y un largo etcétera, que en la actualidad no solo no se cumplen sino que asistimos a una amenaza de regresión en muchos de ellos.

 

La descomposición del sistema ha llegado a tal grado que hasta las próximas elecciones se presentan más como una amenaza que una oportunidad. Ya no es suficiente que el poder electoral garantice elecciones libres y sin fraude, pues amplios segmentos de la población cuestionan asistir al mismo acto de votación argumentando que es darle continuidad a un sistema que ha perdido toda noción de representación democrática.

 

Instrumentalizar las elecciones como trampolín para ejercer el poder antidemocráticamente y con fines meramente mercantilistas, ya representó para Guatemala la quiebra institucional del Estado que ha llevado los ingresos fiscales a un mínimo del ocho por ciento de carga tributaria y que amenaza este mismo año con ser insuficiente ni siquiera para el pago de planillas y salarios de los trabajadores públicos.

 

Nuestra legislación es del siglo XXI, pero el liderazgo político nacional sigue anclado en el siglo XIX, alargando la vida de prácticas y vicios propios del caudillismo que no reconoce instituciones, procesos, ni legislación que le aplique para el ejercicio de su poder. Los poderes del Estado han transformado la representación en una mercancía de intercambio puesta a subasta pública. El colmo de esta realidad es que la actual legislatura no ha aprobado ni un solo decreto-ley en los ocho meses que van del año, la judicatura no logra responder a las demandas de levantamiento de antejuicio presentadas contra ministros, diputados, alcaldes, candidatos, que suman ya varias decenas.

 

Todos los poderes constituidos están interpelados por la ciudadanía y las próximas elecciones no escapan a ese escrutinio que se resiste a sostener un sistema que se vale de las mismas para conseguir aviesos fines muy alejados del propósito democrático. Así las cosas, el evento electoral convocado para el próximo 6 de septiembre seguramente nos dará una lección histórica de que una democracia no se sostiene únicamente en base a contar votos.

Etiquetas: