Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Opinión

¿Nuevos productos de exportación?

El Clamorímetro y los catadores de pureza.

Fecha de publicación: 08-08-15
Por: Acisclo Valladares Molina

Pareciera ser que se va haciendo posible que podamos situar en los mercados internacionales –como producto de exportación– orgullosamente nuestro –el clamorímetro– ingenioso aparato que es capaz de medir –y en cualquier momento– el “clamor popular”, recogiendo, incluso, el estertor de todas las “fuerzas vivas” del país –clamores y estertores que puede medir con respecto a cualquier tipo de tema y que está llamado a sustituir las elecciones: ¿Para qué las elecciones si puede medirse todo por el “clamor popular” y, así, en el futuro, conforme “clamor popular”, la toma de decisiones y la adjudicación de los cargos.

 

“El clamor popular de16 millones de guatemaltecos”.

 

Elimina también, el clamorímetro, la necesidad de consultas populares y la de una Asamblea Nacional Constituyente puesto que –existiendo el clamorímetro– medida exacta del “clamor popular”, cualquier otro tipo de expresión política parecería ser innecesaria.

 

El clamorímetro podrá venderse en los mercados internacionales –incluyendo además– como parte del paquete –los servicios personales que son prestados por sus lectores– analistas y expertos políticos que se encuentran por doquier y que tienen la gran ventaja que –lo que aquel no mida– estos se lo inventan.

 

El “clamor popular” eso, al parecer, marca el clamorímetro y también, al parecer lo confirman sus lectores –marca, decíamos– que deben violarse la Constitución y las leyes ¿Qué mejor legitimación para hacerlo que “el clamor popular”? –y, así, puesto que el “clamor popular” lo pide, se debe limitar la reelección de los diputados y los alcaldes a pesar de que la Constitución expresamente lo permite y se deben hacer reformas por parte del Congreso a leyes constitucionales sin que tengan el dictamen previo favorable de la Corte de Constitucionalidad, aunque la Constitución lo exija –y aplicar al presente proceso electoral, ya convocado, las reformas que se exigen, existiendo prohibición expresa de aplicarlas a procesos ya iniciados.

 

¿Para qué las leyes, expresión de la voluntad del pueblo expresada en normas, si el “clamor popular” –más directo– puede hacer las veces de las mismas?

 

Al clamorímetro ha venido a sumarse, ahora, como de café o de vinos, “el catador de pureza”.

 

El catador de pureza ¡Qué soberano desparpajo! cata la pureza de los dirigentes políticos y determina, así, por sí y ante sí, cuáles merecen someterse a la decisión soberana del pueblo y cuáles no –o, visto de otra forma, dentro de cuales tiene el soberano (El supuesto soberano, entonces) el derecho de elegir.

 

El pueblo en todo esto sale sobrando y debe atenerse al clamorímetro y a los lectores de clamorímetro –llevado todo esto al clímax por el catador de pureza– siendo además mejor que sea así porque se evita la participación política de los ignorantes –clamor que el clamorímetro– “sabiamente” –no recoge–.

 

¿Para qué las inhabilitaciones contempladas por las leyes, si el catador de pureza las hace innecesarias? ¿Para qué, si existiendo el catador de pureza, las resoluciones judiciales?

 

Y, así, de necedad en necedad, sigamos fabricando productos como estos y esmerándonos en su exportación, con todos sus servicios, no debiéndonos importar, que conste, que nadie nos los compre porque lo que si habremos vendido en el intento habrá sido –a nuestra costa– la más sonora carcajada,

 

Y, ahora en serio ¿Clamorímetro y catadores de pureza? ¿No nos damos cuenta? ¿Podremos ser tan ciegos? ¡Las delicias de cualquier dictador!

 

Hoy se trata de Alfonso Portillo pero, ¿Mañana?

 

¿Quiénes catarán mañana la pureza y quiénes serán mañana quienes midan, el clamor?

 

¿Regidos mañana no por leyes sino por los catadores de pureza y los medidores del clamor popular? ¿No comprendemos el peligro? Amén.

 

acisclo_valladaresmolina@yahoo.com