Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Los indeseables

El honor es el fruto del deber cumplido.

— Fernando González Davison
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Por indeseable se dice de una persona indigna que no es recomendable, cuyo sinónimo es un ser indeseado, abominable. A las personas así calificadas les convendría operar en ellas un cambio para rescatarse, y volver a ser apreciadas en algún sentido. Tras los resultados de las notables pesquisas, investigaciones y estudios de la CICIG y del Ministerio Público, que desde hace más de un año respaldé junto con pocos articulistas, hace tres meses fueron expuestos varios indignos con sus nombres ante la ciudadanía y el orbe. A continuación, vinieron otros nombres más, lo que quebró el gótico el mundo de los indeseables que, aferrándose con sus uñas, siguen controlando las instituciones del país con leyes hechas a su medida y provecho. Bajo tal manipulación legal, subyugan a la ciudadanía, que ahora los rechaza por insensibles corruptos y avariciosos insaciables.

 

No obstante, si bien hay que ser contundentes frente a sus acciones, porque han hecho colapsar las funciones del Estado frente a sus obligaciones con la sociedad, hay que darles una oportunidad para que rescaten un tanto su decaído honor. No solo devolviendo la plata sino cumpliendo por fin su deber. Quizás algunos de ellos no lo hagan, siguiendo lo dicho por Tácito que “el corrupto no tiene honor”. No obstante, espero que algunos de los señalados y otros más, con un mínimo de remordimiento, actúen en consecuencia. Estoy hablando del presidente, diputados y magistrados. En el Congreso están varias leyes paralizadas que deberían aprobar ya y sin modificaciones marrulleras que les hagan perder su esencia. Así lo ha solicitado el Grupo de los 4, que integran los representantes de la Iglesia Católica y Protestante, el Rector de la Usac y el Procurador de Derechos Humanos.

 

Cicerón dijo en De Officiis: “El que cortésmente enseña el camino a quien se ha extraviado, hace como el que enciende con su luz la de otro; después de habérsela encendido, no por eso la suya alumbrará menos”. En ese sentido, cabe la posibilidad de que ciertos indeseables puedan ver la luz y restablecer una mínima relación positiva con la sociedad para remendar el Estado de ingobernabilidad que han creado, aprobando esas leyes, y dando vía a quitar los antejuicios en las Cortes. Si lo hacen, la sociedad los reconocerá porque habrán mostrado que es posible cambiar, y merezcan un trato diferente de los ciudadanos. Para ello, el orador romano recomendaba: “Conozca, pues, cada cual su propia manera de ser, y sopese con severa imparcialidad sus buenas y sus malas cualidades”, señalando que la mejor dirección de la conducta humana es la virtud, cuyo culto se fundamenta en la protección de los hombres y la sociedad hacia fines nobles. La consagración a la patria y a seguir el ejemplo de los hombres rectos es la mejor directriz, en especial para los jóvenes, que aprecien bajo ese prisma a los que se postulan a cargos públicos, la mayoría amparados por El Dragón Leviatán que han creado.

 

Los indeseables son el peor ejemplo para nuestros jóvenes y eso es grave porque les toca a ellos decidir con su voto entre candidatos de ese corte. Estos, para rectificar, deberían una salida digna a la tensa situación derivada del impasse jurídico que hiere la conciencia. Además, de aprobar esas leyes, deberían eliminar el antejuicio de al menos durante diez años, para impedir que se repita una situación como la actual, opuesta a la convivencia pacífica, en un país a punto de explotar. Si un grupo de indeseables impone su voto en el Congreso para aprobarlas, aunque sea por un interés electorero, el cambio positivo lo entenderán los que integran el G-4 y los 16 millones de ciudadanos que los respaldan.

 

El honor es el fruto del deber cumplido. Cumplir con el deber da una oportunidad a los indicados para que no defiendan lo indefendible con su descaro usual. Habrán dado un paso hacia la virtud, que se fundamenta en la protección de la sociedad.

 

Los jóvenes podrán ver, si así sucede, que aquellos habrían mostrado respeto hacia sus personas y a la sociedad a la que se deben. Más aún, si sacan de las instituciones públicas a sus parientes, amigos y testaferros, indeseables por igual.

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