Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Martín Lutero y la Virgen María

Una meditación solo para cristianos.

Fecha de publicación: 05-08-15
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

Tras los terremotos de Santa Marta de 1773, la Ciudad de Santiago (hoy La Antigua Guatemala) se trasladó al Valle de la Ermita o de la Virgen en 1776, con el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción, ciudad de trazo ajedrezado y construcción originalmente neoclásica, que el próximo 15 celebrará su fiesta patronal con asueto, feria y festividades religiosas.

 

En 1522, en su sermón sobre esta fiesta de la Asunción, Martín Lutero, iniciador de la reforma protestante, predicó: “No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos… Es suficiente saber que ella vive en Cristo”.

 

Como vivimos en un mundo de dispersión, una tendencia a la que el propio cristianismo no es ajeno, debemos evitar la acelerada y anticristiana centrifugación de la doctrina de Cristo, lo cual aplicado al citado sermón de Lutero nos debe llevar a enfatizar lo que nos une a los cristianos, que es el fondo (que María está en el cielo), aunque cada quien crea y acepte su propio cómo (cómo sucedió), que evidentemente nos separa.

 

En cuanto a María, algunos grupos cristianos tratan de singularizarse silenciando la presencia de la Madre de Cristo en lo que es una grosera mutilación bíblica, porque la madre de Cristo debiera ser un punto de encuentro, no de dispersión. La teóloga luterana y catedrática universitaria Elisabeth Parmentier, ha recalcado que “muchos protestantes reconocen que la ocultación total de la madre de Cristo no es conforme a la Sagrada Escritura, ni a las confesiones de la iglesia antigua, ni a las opciones de los reformadores”.

 

Lutero, por ejemplo, predicó: “(Ella es) la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de Cristo… ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca podremos honrarla lo suficiente, aun cuando ese honor y alabanza debe ser dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras”. (Sermón de Navidad, 1531) “…ella con justicia es llamada no solo madre del hombre, sino también la Madre de Dios… es cierto que María es la Madre del real y verdadero Dios”. (Sermón sobre Juan, 14,16).

 

Según la profecía bíblica, todas las generaciones (la nuestra también) llamarán a María bienaventurada (dichosa, bendita). Martín Lutero predicó: “Cada uno tendría que honrar a María tal como ella misma lo expresó en el Magnificat (el texto bíblico de Lucas, 1, 46-56). Ella alabó a Dios por sus obras. ¿Cómo podremos entonces nosotros alabarla? El verdadero homenaje de María es en honor de Dios, la alabanza de la Gracia de Dios… María nada es por su propio mérito, sino por el mérito de Cristo… María no desea que vayamos a ella sino a través de ella hacia Dios”. (Explicación del Magnificat, 1521). “María es la Madre de Jesús y Madre de todos nosotros aunque solo Cristo reposó en su regazo… Si Él es nuestro, debiéramos estar en su lugar; ya que donde Él está debemos estar también nosotros y todo lo que Él tiene debe ser nuestro, y su madre es también nuestra madre”. (Martín Lutero, Sermón de Navidad, 1529). Y en otra predicación de Lutero: “Cristo… fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo otros hijos aparte de Él… Me inclino a aceptar lo que dicen quienes declaran que los “hermanos” realmente significan “primos”, ya que el escritor sagrado y los judíos en general llamaban hermanos a los primos”. (Sermón sobre Juan, capítulos 1-4)

 

A pesar de las diferencias doctrinales que existen entre católicos, ortodoxos, protestantes y evangélicos sobre la Madre de Cristo y otros temas bíblicos, debemos buscar no una mayor atomización, sino la identificación de lo que nos une, como Cristo lo pidió en la Última Cena. (Juan, 17, 20-24). La unidad es cristiana; la desunión, contraria a Cristo; y lo digo con la biblia en la mano.

 

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