Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Elecciones de la impunidad

La cultura de impunidad nos hace creer en el sistema, por corrupto que sea.

 

— Anamaría Cofiño K.

Es tan evidente la podredumbre en que se encuentran las instituciones del Estado y la sociedad, que pretender ignorarlo nos pone en ridículo. Sabemos que las leyes están formuladas para favorecer intereses particulares, obstaculizar la transparencia, promover la corrupción, y excluir a las mayorías. Bajo ese turbio sistema, y ante la crisis que enfrentamos, llevar a cabo elecciones es institucionalizar la impunidad.

 

Cuando decimos que no queremos elecciones es porque el entramado que las legaliza está orientado a sostener grupos de poder que se dedican a acumular riquezas a costa del bienestar colectivo. Porque estos procesos son para quienes cuentan con grandes capitales para comprar los votos, e implican un dispendio de recursos que bien podrían usarse para algo mejor.

 

Para cambiar las condiciones que abran el paso a la democracia auténtica y efectiva, es necesario como primer punto que renuncie Otto Pérez. No es posible que él, estando seriamente cuestionado por su cercanía con los círculos de corrupción, y pese a los señalamientos en su contra, “le entregue el poder” a otro coyote o hiena de la misma loma. A estas alturas él ya no es presidente, usurpa el cargo porque ha sido desconocido y ninguneado por la ciudadanía. Lo que le queda es firmar su salida y dejar libre el paso a un gobierno de transición que se haga cargo de purgar los tres poderes del Estado.

 

También es necesario que la población, mujeres y hombres de todos los rumbos y colores, exijamos y hagamos valer nuestros derechos para que la justicia y la democracia sean realidad. Es tiempo de involucrarnos en los procesos que están planteando la transformación estructural del país, para definir los rumbos que deseamos tomar. Incorporarse a organizaciones corruptas, donde priva el caciquismo y las movidas de tapete, donde se elige “a dedo”, se imponen las decisiones y se compra los cargos, es zambullirse en la corrupción, argumentando que se va a lograr hacer algo y que se va a salir indemne.

 

Recuperar el sentido de la política como el arte de resolver los problemas sociales tendría que ser prioridad nacional. Desterrar de nuestras relaciones toda práctica que rompa con la ética, erradicar la violencia como herramienta de coacción, el chantaje como presión, las negociaciones bajo la mesa, son medidas fundamentales para emprender un nuevo ciclo como país.

 

Contribuir con nuestros votos a que las estructuras criminales se institucionalicen nos convierte en cómplices. Creer que nuestras queridas golondrinas hagan verano entre tanto detritus es una fantasía. Ya hemos visto cómo les ha ido a quienes se instalaron en el poder en condiciones de corrupción.

 

La duda de votar o no votar todavía nos embarga. Salir del sistema es difícil, romper con los círculos viciosos y emprender algo limpio, requiere lucidez, decisión y voluntad. Construir un mundo de justicia, libertad y equidad es algo tan personal, como político.

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