Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿A quiénes representa el Congreso?

No hicieron nada, para limitar el despojo oficial de las arcas del Estado.

— Silvia Tejeda
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Mientras, en los tribunales de justicia se le regatea al pueblo la imparcialidad para aplicar la ley, y en la Corte Suprema de Justicia se hace un tremendo esfuerzo para imponerla, en algunos casos, sin daños a intereses colaterales; el Congreso de la República continúa en sus mismas jugarretas para no accionar en contra de los dipudelincuentes y los narcocandidatos, que protege en su recinto. Tampoco se dan por enterados, ni se ponen de acuerdo si les conviene o no, enviar a don Otto, El Potentado, a un juicio por corrupto y apañador de maleantes que se apropiaron de millones que debieron llegar al beneficio de todos. Esos temas todavía no están en su agenda de discusiones.

 

Legislar acorde a las propuestas y a las demandas de la sociedad, no les interesa. Por el contrario, la sorna con que se viene manejando la delicada situación política sin atender el clamor y las propuestas sociales, impresiona y daña la incipiente democracia.

 

Pensar en responder a los requerimientos de quienes los eligieron, los tienen muy sin cuidado. Se pasaron los recientes cuatro años cerrando sus círculos de influencias y corrupción y haciéndole creer a los miles de abandonados que, es por sus diligencias reciben beneficios de los programas sociales. Eso es una patraña, pero les surte.

 

¿Por qué los diputados de Lider y del Partido Patriota se creen tan omnímodos e inamovibles que abusan tanto del tiempo y de su condición de representantes del pueblo? La imposición de criterios espurios como resultado de los conciliábulos y consignas acordados por los dos partidos mayoritarios sigue entrampando cualquier intento de respuesta al clamor de la ciudadanía. Así se la han pasado desde que este período se inició: sirviendo intereses particulares y productivos. Amañando cualquier situación que pretendiera pasar más allá de sus intereses. Ahora, nos juegan como yoyo con las modificaciones a la ley del TSE, mientras, solidarios, extienden largos permisos de ausencia, a diputados señalados por venales, en lugar de avergonzarse de sus acciones y suprimirlos.

 

La inasistencia, la demora, la paralización de todo aquello que urge, pero que no se presta para el tráfico de influencias, al vasto nepotismo, o firmar contratos para sus propias empresas, nunca le pusieron atención. Mucho menos, se van a sentir comprometidos para aprobar un ley del TSE que pretenda reducirle la extensa cadena de privilegios y beneficios, extralimitados, inmerecidos con que hoy se benefician. Lo que estos días nos ofrecerán serán cambios insustanciales, bocaditos de consolación, que alimenten más sus privilegios.

 

Han pasado más de tres años de su nefasto trayecto y no promulgaron, una sola ley, que sometiera el desmadre de los abusos de los políticos en los cargos oficiales. No modificaron la Ley de Compras y Contrataciones; ni la Ley del Servicio Civil, ni la Ley de la Carrera Judicial; tampoco accionaron para limitar los descalabrados robos en los fideicomisos. Mucho menos, para normar los contratos con algunas succionadoras oenegés, paraísos del cohecho. No hicieron nada, para limitar el despojo oficial de las arcas del Estado y, sin duda, nada intentarán porque las modificaciones a la Ley del Tribunal Supremo Electoral, castigue a todos los candidatos financiados por los narcotraficantes.

 

Después de tres meses que los guatemaltecos protestamos por los desmanes de tanto ladrón, que ha hecho de los puestos políticos su coto personal para robar y delinquir. Fíjese bien, estimado lector, ese organismo de Estado que existe por voluntad de los votantes, no nos representó nunca. Con su indolencia y desatención, se está retratando de cuerpo entero: Están ahí para defender el statu quo de políticos delincuentes. Representan el último reducto, donde todos los esfuerzos por aplicar la ley se están estrellando. El último reducto de impunidad, que tendremos muy presente, cuando el 6 de septiembre decidamos a quién damos nuestro voto.

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