Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Baldizón a la… OEA

Otro talento que se nos va.

— Helmer Velásquez
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Uno puede compartir con el presidenciable Baldizón, que a Guatemala sí le toca. A qué costo, en qué plazo y con cuáles actores, está por verse. Hasta hace algunos meses Manuel Baldizón y sus huestes se pensaban imprescindibles, el doctor se veía a sí mismo con la banda presidencial cruzándole el pecho, como recompensa natural al cúmulo de años de recorrer Guatemala, pagarse estudios en París e invertir millones de quetzales –de lícito origen– en aquel afán. Sin embargo, hay que decirlo, su obsesión le hizo perder el bosque, dedicó demasiado tiempo a ver el árbol, aquella planta de madera dura, tronco y ramas torcidas… despeinadas, que en noche sin Luna, le aparece en sus peores pesadillas como aquel cadalso a donde fueron a parar sus mejores sueños, aquellos en donde vestido de emperador con impecable túnica, le coronaban con rama de olivo, ovacionado por miles de ancianos y madres que como en un milagro se ponen de pie y elevan sus sillas de ruedas –que él en su magnanimidad les había donado– aclamando su nombre y gritando salve Manuel.

 

Tanto esfuerzo: haberse mandado a hacer una estatua en su natal Petén, graduarse de doctor por la vía rápida, escribir –con una pequeña ayuda de sus amigos– dos libros con orientaciones de Estado, fundar ONG con su papá, amigos y familia, asignar en largos desvelos presupuesto público a empresas constructoras emergentes, tener que “estimular” diputados para que integrasen su bancada, convenciéndoles en largas jornadas de las bondades de la enigmática ideología de su partido, haber soportado estoicamente ser segundón, en el partido de la socialdemocracia, incluso en su generosidad haber permitido que la primera dama oriunda de su querido Petén, acumulase fuerza política, con asignaciones presupuestarias que él facilitó. En fin: tanto esfuerzo; para que esta sociedad en lugar de agradecerle le recrimine, incluso, en un aire de radicalismo –propio de los años setenta– pretende posponer el día de las elecciones generales y hasta promover la vigencia de nuevas reglas del juego electoral, todo ello –el doctor– con su profunda capacidad analítica evidencia como acciones espurias cuyo objetivo final es el rompimiento institucional, que él no está dispuesto a permitir.

 

Es entonces Manuel Baldizón un incomprendido, un Mahatma Gandhi chapín, promotor de la no violencia, salvo contra periodistas, observadores electorales y movimiento ciudadano, ojalá allá en el Norte se valore su casta de estadista, obtenga carta de ciudadanía y se le reconozca como candidato en las elecciones primarias. Allá si saben apreciar el talento.

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