Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡¡¡Fuera!!!

— Jose Rubén Zamora
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En una declaración pública impensable, sospechosamente a la defensiva, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia advirtieron “que no tolerarán presiones de nadie, ni injerencias directas o indirectas de ningún otro organismo del Estado o autoridad nacional o internacional sobre su obligación de administrar la justicia”.

 

Si hubieran sido claros estos (me refiero a ocho de ellos que se verán reflejados si les nombro como) repugnantes monigotes de la cleptocracia, serviles del sindicato criminal que gobierna Guatemala, alianza y aglomeración de intereses entre negociantes de la política, narcotraficantes, bandas de delincuentes, proveedores y contratistas del Estado y otros financistas de campañas electorales, diciéndonos  que les importa un bledo, que les viene sobrando la CICIG, el Ministerio Público y sobre todo el clamor de la gente que exige que se erradique la corrupción y la impunidad, al menos diría que son una bola de corruptos transparentes que no quieren que nos inmutemos porque han decidido darle impunidad a candidatos sorprendidos flagrantemente en tráfico de influencias y asociación ilícita, más lavado de dinero proveniente de corrupción y del narco.

 

Pero no. Hay que leer entre líneas que ellos, lejos de responder a la Constitución de la República y a la exigencia de los guatemaltecos para que se establezca un orden legal, político y social que nos conduzca a la decencia, el fin de la impunidad y la civilización, esa instancia clave de justicia responde al hiper-rentable conglomerado empresarial de los políticos, fundamentalmente al partido de gobierno y al partido de “oposición” Lider, al conocido narco y estafador del IGSS Gustavo Herrera, a la cúpula militar de turno y a bufetes que más bien trafican influencias, a lo largo y ancho del Organismo Judicial, cuyo ejemplo más emblemático es el bufete del conocido “Rey del Tenis”, entre otros intereses espurios.

 

Es claro que la Corte Suprema de Justicia rechaza las críticas, el escrutinio público y le vale madres el clamor ciudadano.

 

Por eso es momento de prodigar respaldo categórico a Iván Velásquez y a la CICIG, a Thelma Aldana y al Ministerio Público y, al mismo tiempo, censurar y exigir la renuncia de estos títeres desvergonzados de intereses ilegítimos y fraudulentos para que abandonen las altas cortes del país.

 

Tradicionalmente, la Corte Suprema de Justicia es el candado más eficaz para garantizar éste paraíso de corrupción e impunidad que llamamos Guatemala.

 

Están realizando estos desplantes, desmanes y arranques de machos viejos, pues están acorralados y asustados. No debemos dejarnos intimidar: sus ladridos se deben a que hemos avanzado. Es hora de redoblar nuestros esfuerzos y manifestaciones públicas e iniciar una nueva cruzada militante por la depuración de los poderes del Estado. Debemos recuperarlos de intereses espurios, bandas de delincuentes y manos criminales. ¿Quién dijo miedo?

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